7 sept. 2011

Diez cosas que los economistas no le dirán

Por Quentin Fottrell

1. "No vamos a predecir la próxima crisis..."

En las últimas semanas turbulentas, los inversionistas se volcaron otra vez a los economistas para que los ayuden a fijar su rumbo. Desde el presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke, para abajo, pocos economistas vieron aproximarse el crash financiero de 2008. En la edición de mayo de 2011 de "Econ Journal Watch", Mason Gaffney, profesor de economía de la Universidad de California en Riverside, ofreció este tua culpa. "El crash de 2008 sorprendió a la mayoría de nosotros. El episodio ha llevado a muchos a preguntar cómo los economistas pudieron estar tan despistados", reconoció.

Si la trayectoria sirve de indicación, muchos tampoco verán venir el siguiente crash. Recientemente, en respuesta al hecho de que no anticipó la rebaja de la calificación de la deuda estadounidense por parte de Standard & Poor's, J. Bradford DeLong, profesor de economía en la Universidad de California en Berkeley, escribió en su blog, "Si usted me decía hace un año que el 5 de agosto de 2011, S&P iba a rebajar la calificación de Estados Unidos y que el bono a diez años iba a rendir 2,5%, me hubiese reído de usted".

Pero esas admisiones consuelan poco a los inversionistas regulares, que buscan a los economistas para que les indiquen las tendencias y que pagan el precio cuando se equivocan. Robert Schmansky, fundador de Clear Financial Advisors en Bloomfield Hills, Michigan, dice que a fines de 2008 cuando las acciones estaban en caída libre, muchos de sus clientes se apresuraban a liquidar su cartera de acciones para pagar sus hipotecas. "Un cliente que vino hablaba de asumir pérdidas de hasta US$100.000", recordó. "Obviamente, le aconsejé en contra de esa opción", dijo.

La Asociación Económica Estadounidnese (AEA, por sus siglas en inglés) no quisó hacer comentarios sobre la mayor parte de las afirmaciones de este artículo. Claudia Goldin, presidente electa de la asociación para el próximo año, dijo que "como otras asociaciones de estudios, la AEA existe para dar un servicio a sus miembros teniendo publicaciones y reuniones; no representa el punto de vista de sus miembros".

Lynn Reaser, integrante de la junta directiva y ex presidente de la Asociación Nacional de la Economía de Negocios en Washington, dice que los economistas "se han vuelto mucho más conscientes de los riesgos que enfrenta la economía y ahora prestan mucha más atención a los acontecimientos que parece que tienen escasas probabilidades de ocurrir".

2. "... pero podemos ayudar a causarla"

Mientras que los pronósticos demasiado optimistas pueden hacer que los inversionistas no estén preparados para el desastre, los expertos dicen que hay una espada de doble filo: ser demasiado pesimista sobre la economía podría contribuir al siguiente crash. Seth Rabinowitz, socio en la empresa de consultoría Silicon Associates, dice que las opiniones de los economistas y de los medios de comunicación junto con el nivel de ingresos y la volatilidad de la bolsa influyen en las decisiones de gasto de los consumidores. "Si los consumidores están abiertamente temerosos gastarán menos y eso dañará una economía en vísperas de recuperarse". Los economistas deberían elegir sus palabras cuidadosamente, especialmente cuando los inversionistas están nerviosos respecto a una próxima desaceleración. "Por esa razón, los economistas tienen una responsabilidad social todavía más grande respecto a cómo le hablan a la prensa", dice.

Pero otros expertos responden que los economistas no deberían edulcorar sus conclusiones, sin importar su posible impacto. Gaffney, quien dice que la recesión de 2008 nunca terminó, está cansado de que lo consideren un portador de malas noticias pero no tiene intención de callarse. "Cuando el desempleo llega a 10% o más y no cae, eso es un estancamiento de largo plazo", dice.

3. "No estamos a salvo de adivinar un poco"

Dado que tales modelos hicieron poco para que sonara la alarma en 2008, un creciente número de economistas ahora se están guiando más por sus instintos, dicen los expertos, o sea que están adivinando. Adivinanzas producto de la formación, seguro, pero adivinanzas al fin. Mark Perry, profesor de Finanzas y Economía Empresarial de la Universidad de Michigan-Flint y profesor visitante del American Enterprise Institute de Washington, D.C, calcula que al menos 60% de los pronósticos se basan en la intuición. "Con el tiempo, los economistas han comenzado a darse cuenta que la gente es impredecible", dice, algo que los ha forzado a discrepar con lo que modelos más formales podrían predecir.

Eso no es algo malo, dicen los economistas. "La intuición es lo que separa a los economistas que no son de utilidad de los geniales", dice Rabinowitz. Y los modelos asumen una coherencia y predicibilidad cuando las conductas reales son difíciles de predecir, dice John Kay, autor de "Obliquity: Why Our Goals are Often Best Achieved Indirectly" ("Rodeos: por qué nuestros objetivos a veces son logrados indirectamente") y uno de los principales economistas del Reino Unido. "Depender de la coherencia no es una estrategia muy sensata", dice.

4. "Es la testosterona"

Más de 80% de los economistas son hombres, indican las encuestas. Y, dejando la corrección política de lado, tener una profesión tan dominada por los hombres puede llevar a asumir riesgos excesivos, que, en el caso de los economistas, podrían llevar a predicciones audaces que tienen más que ver con conseguir titulares en los diarios que con la realidad, dice Scott Beaulier, director del Centro Manuel H. Johnson de Economía Política en Troy, Alabama. Varios estudios, incluso uno realizado este año por Barclays Wealth y Ledbury Research, han concluido que los hombres se embarcan en conductas más imprudentes que las mujeres. Una posible razón, según los científicos, es la testosterona, que incrementa el apetito de los hombres por el riesgo. "Los hombres tienden a ser un poco más impulsivos, a tener menos disposición a admitir sus errores y se concentran más en una gran idea y en inversiones realmente ambiciosas", dice Beaulier.

John Siegfried, secretario tesorero de la AEA, hace notar que hoy las mujeres representan alrededor de 25% de la profesión y cerca de un tercio de los doctorados.

5. "Nuestras mediciones sobre niveles de prosperidad no funcionan"

Los economistas dependen de muchas mediciones para calcular la situación de sus países, el costo de vida, y otros indicadores básicos del nivel de bienestar, pero muchos de ellos podrían no ser los criterios precisos que deberían ser. Por ejemplo, hacer el seguimiento del crecimiento del producto interno bruto —uno de los indicadores seguidos más de cerca por los economistas— no necesariamente indica si un país está en condición saludable o no, especialmente considerando que la mayoría de las grandes crisis económicas frecuentemente ocurren luego de períodos de rápido crecimiento. Sam Thompson, investigador de la New Economic Foundation, centro de investigaciones en Londres, dice que el PIB es una medición de brocha gorda de la productividad de la economía y no da el panorama completo. Por ejemplo, un sistema de cuidado de la salud inflado e ineficiente podría estar detrás de parte de ese crecimiento. "De hecho, los períodos de guerra tienden a incrementar el PIB", dice.

Lo mismo ocurre con las mediciones del desempleo. De acuerdo con estimaciones oficiales del gobierno, el desempleo en EE.UU fue de 9,1% el mes pasado, pero especialistas en estadística como John Williams, editor de ShadowStats.com, dan una interpretación alternativa. Señala que los trabajadores "desalentados" que no están buscando activamente empleo y que no están incluidos en las estimaciones oficiales empujan la tasa de desempleo real más cerca de 22%. Frecuentemente esos números dan a la gente una falsa sensación de esperanza —o terror— que puede impactar mucho en sus decisiones financieras, dicen los expertos. "En tiempos como los actuales, hay demasiadas variables económicas que se comportan de manera no característica", dice Doug Short, vicepresidente de investigaciones del servicio de asesoría financiera Advisor Perspectives en Lexington, Massachusetts.

Reaser considera que el PIB "es la medida más abarcadora de la actividad" en EE.UU. y dice que la más reciente tasa de desempleo de la Oficina de Estadísticas Laborales, que incluye a los trabajadores desalentados, es de 16%.

6. "Una ciencia sombría, pero no exacta"

Como grupo, los economistas son incoherentes, dice Short. De acuerdo con una encuesta realizada entre economistas en julio por The Wall Street Journal, las predicciones sobre el PIB del segundo trimestre iban de 0,9% a 3,2%, una divergencia que Short describe como la diferencia entre el casi estancamiento y un crecimiento robusto. Y la más reciente encuesta, divulgada el mes pasado, tiene un rango de pronósticos para el producto del tercer trimestre que van de 0,5% a 4% . De acuerdo con una hecha hace poco, el rendimiento de los bonos a 10 años fue 0,78% más bajo de lo que habían predicho los economistas para fines de 2010.

Esas disparidades hacen difícil tener fe en cualquier economista. Lo mejor, dice Short, es buscar los promedios. Y, en momentos de stress financiero, "incluso el pronóstico promedio debería ser tomado con cuidado". Y en cuanto a la inexactitud, en el caso de los pronósticos de las notas del Tesoro a diez años, ese es un parámetro que los economistas utilizan para calcular los movimientos futuros de las tasas de interés y, en teoría, da a los consumidores una buena idea respecto a si es un momento bueno o mal para refinanciar sus viviendas, o para comprar o vender bonos corporativos.

7. "Nos inclinamos hacia la izquierda"

De acuerdo con una encuesta de 2008 de la AEA, casi la mitad eran en ese momento demócratas registrados, en tanto que solamente 17% se decían republicanos. Más aún, 60% de los economistas dijeron que Barack Obama haría el mayor progreso en asuntos económicos importantes como presidente. De hecho, a diferencia de lo que dicen los estereotipos, los economistas no son fervientes partidarios del libre mercado. En un estudio de 2003, los investigadores Daniel Klein y Charlotta Stern mostraron cómo 1.000 economistas habían respondido a 18 preguntas respecto al papel del gobierno en asuntos como los aranceles. Solamente 8% respaldó los principios del libre mercado; Klein no cree que esa cifra haya cambiado desde que la encuesta fue realizada. Un artículo de 2008 en la publicación "American Economist" sostenía que los economistas durante el último medio siglo han ayudado a convencer a los votantes de la necesidad de un gobierno más grande. "Creemos que el creciente papel de los economistas en la sociedad y en el diseño de políticas ha llevado a un incremento en las actitudes favorables a la intervención del gobierno", escribieron los autores, los economistas Scott Beaulier, William Boyes y William Mounts.

8. "Tenemos nuestros intereses"

Muchos economistas influyentes trabajan en instituciones académicas, que pueden transmitir una imagen de tener una opinión autorizada y sin sesgos de ningún tipo. Pero no es así en la práctica, dicen los expertos. Los economistas tienen sus propios motivos, económicos y políticos. En junio, más de 150 economistas respaldaron al presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, cuando llamó a equilibrar un aumento del techo de la deuda pública con recortes de gastos de igual tamaño, de acuerdo con una carta difundida por la oficina del líder republicano. "Un incremento en el límite de la deuda nacional que no sea acompañada por significativos recortes de gastos y reformas presupuestales para enfrentar la adicción al gasto de nuestro gobierno dañará la creación de empleos privados en EE.UU", decía la carta.

Alrededor de 70% de los economistas universitarios tienen intereses financieros fuera de su actividad académica, de acuerdo con un estudio de 2010 de Gerald Epstein y Jessica Carrick-Hagenbartt, que analizó las apariciones en los medios de comunicación, artículos en la prensa e investigaciones publicadas por expertos entre 2005 y 2009. Pero a pesar de esos lazos con empresas y el sector privado, los economistas rara vez reconocen estar trabajando en el sector privado, concluyeron los investigadores. Siegfried, de la asociación de economistas, cree que el porcentaje de 70% es demasiado alto como reflejo de todos los economistas académicos pero "posiblemente exacto" como indicador de los economistas que están activos en la investigación y que aparecen en los medios".

Los críticos entienden que ese tipo de trabajo presenta un claro conflicto de intereses si los académicos no son claros respecto a sus compromisos laborales. Jeffrey A. Frankel, un profesor de la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard, dice que los economistas deberían revelar el trabajo que hacen como consultores y las universidades deberían tener procedimientos claros en este sentido para enfrentar posibles cuestiones éticas y conflictos de intereses. Por su parte, revela todos los trabajos de consultoría por los que gana US$1.000 o más y dice que los economistas harían bien en hacer un seguimiento de su tarea como consultores. "Si un economista escribe sobre mercados financieros y respecto a si necesitan más o menos regulaciones y también hace trabajos de consultoría para bancos o instituciones financieras, es concebible que eso afecte su visión", opina. Reaser asegura que los economistas de su asociación informan que la integran cuando son citados en encuestas o en los medios de comunicación.

9. "Nuestros esfuerzos educativos son insuficientes"

Cuando aparecen en los medios de comunicación habitualmente los economistas intentan mantener en un nivel mínimo el uso de jerga especializada, dicen los expertos. Por eso utilizan el lenguaje más básico para explicar frecuentemente conceptos muy sofisticados. Y, sin embargo, tratar de hacer más accesible los conocimientos económicos no parece estar ayudando a los estadounidenses. Tienen una pobre comprensión de los conceptos más básicos de la economía y las finanzas a pesar de los esfuerzos de los economistas por explicarlos a través de los medios de comunicación y de trabajos de investigación y libros, concluye AnnaMaria Lusardi, profesora de Economía y Contabilidad en la Escuela de Negocios de la Universidad George Washington. En un estudio que realizó en 2009, junto con Peter Tufano, profesor de finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, concluyó que solamente un tercio de la población entiende cómo funciona el crédito y los intereses compuestos. Esas son malas noticias para los consumidores. Cuanto menos conocimiento económico tengan las personas, dicen los autores, más posibilidades tienen de incurrir en deudas y pagar más por sus tarjetas de crédito y otros cargos.

10. "Estamos a una década de la recuperación"

Muchos economistas creen que estamos en camino a una recesión, pero pocos están dispuestos a decir cuánto podría durar. Los que están dispuestos a hacerlo, no tienen buenas noticias. "Tomará una década", dice David Hefty, economista y presidente ejecutivo de Hefty Wealth Partners, en Auburn, Indiana. Edward E. Learner, profesor de Gerencia, Economía y Estadística, en la Universidad de California, Los Ángeles, cree que la recuperación podría tomar más tiempo a medida que la cantidad de empleos en la industria, continúa erosionándose como consecuencia de la globalización y la automatización. Dice que espera una recuperación en el mercado de la vivienda en los próximos años, pero, advierte, "esperen que la difícil transición entre una economía industrial y una postindsutrial dure décadas".

¿Qué pueden hacer los consumidores para preparse? Hefty recomienda crear un colchón de seguridad con cuentas de ahorro o invertir en un certificado de depósito y tener suficiente dinero para vivir al menos seies meses, lo que puede dar más confort en caso de una desaceleración que la predicción de un economista respecto a que vendrán días mejores (o peores).

Fuente: WSJ