27 oct. 2009

Los sindicatos tienen que centrarse en los trabajos del futuro

por Michael Skapinker

Cuando era miembro de un comité sindical en los años 90, mis colegas me enseñaron una lección: nunca te impliques en una disputa a no ser que sepas cuál será el resultado más probable.

No está muy claro que los sindicatos de los carteros británicos, que organizaron una huelga de dos días la semana pasada, comprendieran cuáles serían los efectos de su actuación, pero otros sí lo hicieron. No hay duda de que muchas de las personas para las que la huelga suponía un trastorno –muchas empresas cuyos pagos se quedaron en correos, padres que no pudieron enviar las solicitudes de escuela de sus hijos– llegaron a la conclusión de que en el futuro usarían Internet.

Y lo que es más importante, las empresas rivales aprovecharon la oportunidad para hacerse con una parte del negocio de los envíos en Internet que representa la mejor opción de futuro para Royal Mail y sus trabajadores.

Amanzon comunicó a sus clientes que estaba “tomando importantes medidas y trabajando con un amplio número de empresas de mensajería para minimizar el impacto sobre las entregas en Reino Unido”. Es poco probable que esas empresas de mensajería estén muy sindicadas.

Pero cada vez son menos las empresas que lo están. El porcentaje de empleados británicos que pertenecen a sindicatos cayó desde el 44,8% en 1970 al 29,3% en 2003, según un estudio del año 2006 de la Oficina de Estadísticas Laborales estadounidense (BLS por sus siglas en inglés).

Durante el mismo periodo, las afiliaciones a sindicatos en EEUU cayeron del 23,5% al 12,4%. En Francia, el descenso fue del 21,7% a tan sólo el 8,3%. También se produjeron fuertes caídas en países como Nueva Zelanda, Japón o Alemania.

Según la BLS, los únicos países en los que esa cifra aumentó fueron Finlandia, Suecia, Dinamarca y Bélgica. Existía un motivo para ello. “Estos cuatro [países] son los únicos en los que los sindicatos participan en la administración y ejecución de los seguros por desempleo”.

Esto no es algo que me guste Los sindicatos independientes son un distintivo de una sociedad libre. Ningún régimen totalitario los tolera.

Los argumentos a favor de la representación de los trabajadores siguen siendo sólidos. Las décadas de declive de los sindicatos han ido acompañadas de la aparición de una clase de gestores cuyos beneficios han crecido de forma desmesurada en comparación con los de sus empleados. El incremento de los salarios de los ejecutivos no parece ir parejo con un incremento obvio de la competencia, tal y como ha demostrado con claridad la crisis financiera, pero tanto gobiernos como contribuyentes les han pedido cuentas.

Hay algunos indicios que apuntan a un renovado interés por la sindicación. En EEUU, el año pasado se produjo un pequeño aumento en el número de afiliados, según la BLS, pero la proporción de miembros de sindicatos aún permanecía muy por debajo del 13%.

¿A qué se debe esta fuerte caída de la asociación a los sindicatos? El principal problema no parece tanto el abandono de los antiguos miembros como la falta de nuevas incorporaciones. La probabilidad de que un joven se una a un sindicato es menor que en el pasado. Existen varios motivos para ello. Los jóvenes dedican más tiempo a la educación. Su tasa de paro es mayor y, cuando consiguen un empleo, es probable que sea con un contrato temporal.

También se están produciendo cambios culturales. Un informe del Instituto Sindical Europeo señalaba que las generaciones más jóvenes muestran un menor interés por la solidaridad sindical. “La mayoría de los jóvenes no se muestran contrarios a la causa de los sindicatos”, explicaba el informe, pero están acostumbrados a una cultura de servicios y prefieren escoger entre una serie de opciones en Internet. El informe también señalaba que “cada vez es menos probable que los comités internos, que exigen mucho tiempo, atraigan a jóvenes activos y dinámicos”.

Richard Trumka, el nuevo presidente de la AFL-CIO, la federación sindical estadounidense, reconocía en un discurso en agosto que cuando los jóvenes “miran a los sindicatos, lo que ven con frecuencia es un vestigio de la economía de sus padres”. Los sindicatos tienen que ajustarse. Trumka hizo referencia a un sindicato que había nacido entre los trabajadores temporales de Microsoft y que se había extendido por Internet, asesorando a los informáticos en materias como la seguridad laboral y la salud.

El viejo sindicalismo no ha muerto. Teniendo en cuenta que la mayoría de los miembros sindicales pertenecen en la actualidad al sector público, es probable que aumente el malestar a medida que los gobiernos respondan a los altos déficit reduciendo el gasto público.

Los líderes sindicales tienen que encontrar estrategias inteligentes. Deberían concentrarse en los trabajos que sobrevivan en la era de Internet. Lo que los empleados necesitan es una formación continua y la flexibilidad para competir por los empleos que hay en el mercado.

Las protestas por el comportamiento autoritario de los directivos, tal y como han hecho los líderes de correos, no convencerán a aquellos que pertenecen al sector privado, acostumbrados a ellas y que saben que los gestores tienen que hacer frente a sus propias presiones. Tampoco lo hará el llamamiento realizado en este periódico el viernes por un trabajador del servicio postal: “Sólo queremos seguridad laboral”, decía. Pocos de nosotros la tenemos en la actualidad.

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