16 nov. 2009

El inversionista que apostó contra la casa y ganó

Por Gregory Zuckerman

Corrían los últimos meses de 2007, los mercados financieros colapsaban y las firmas de Wall Street perdían enormes cantidades de dinero, como si intentaran devolver las ganancias obtenidas en una década durante unos pocos meses brutales. Pero un inversionista llamado John Paulson de alguna forma estaba haciendo su agosto. Sus ganancias eran tan colosales que parecían irreales, como si fueran sacadas de un dibujo animado. Su firma, Paulson & Co., obtuvo US$15.000 millones en 2007.

La ganancia personal de Paulson ascendió a casi US$4.000 millones, o más de US$10 millones por día. Eso supera las ganancias que obtuvieron en 2007 J.K. Rowling, Oprah Winfrey y Tiger Woods juntos. A fines de 2007, un corredor llamó a Paulson para recordarle que tenía una cuenta personal con US$5 millones, una cuenta que ahora se le hacía tan insignificante que se le había olvidado.

Paulson, conocido como J.P., apostó a que el mercado inmobiliario colapsaría y que las hipotecas riesgosas perderían gran parte de su valor. Las apuestas ubicaron al administrador de fondos oriundo de Queens, en la ciudad de Nueva York, en la misma línea que Warren Buffett, George Soros y Bernard Baruch en el panteón de corredores de Wall Street. Y como diría luego un administrador de fondos rival, con tanta envidia como respeto, "Paulson ni siquiera es un especialista del negocio inmobiliario ni de las hipotecas... Hasta esta operación, era uno más del montón, nada especial".

John Paulson lanzó su fondo de cobertura en 1994. Su fuerte eran las fusiones corporativas que consideraba con más probabilidades de ser completadas, una de las formas más seguras de inversión. Cuando se reunía con clientes, a veces éstos se sorprendían ante su apretón de manos débil y sus modales discretos, ambos rasgos inusuales en una industria llena de bravuconería.

[Paulson]

Este artículo es un adaptado de The Greatest Trade Ever (algo así como "El mejor negocio de la historia"), de Gregory Zuckerman, que ha sido publicado recientemente en EE.UU. por Broadway Business.

Para principios de 2006, Paulson, que entonces tenía 49 años, había alcanzado su ocaso según los parámetros acelerados que rigen en Wall Street para valorar una carrera. Había sido eclipsado por un grupo de inversionistas que habían amasado grandes fortunas en pocos años. Era el cuarto año de un alza espectacular en los precios de las viviendas, algo que Estados Unidos jamás había visto. Parecía que todo el mundo ganaba mucho dinero con rapidez. Todos menos John Paulson.

"Esto es una locura", le dijo Paulson a Paolo Pellegrini, uno de sus analistas. Pellegrini estaba bajo sus propias dosis de presión. Un año antes, este oriundo de Italia había llamado a Paulson en busca de un empleo, tras una carrera llena de desilusiones. Paulson & Co. era su última oportunidad en Wall Street.

La línea de tendencia

Pellegrini pasó horas en la oficina de Paulson, debatiendo cómo deducir un cambio en el mercado inmobiliario. Paulson le encargó que descubriera si los precios de las viviendas estaban, de hecho, inflados. A altas horas de la madrugada, en su cubículo, Pellegrini rastreaba los precios de las viviendas en todo EE.UU. desde 1975. Las tasas de interés no parecían influir en los bienes raíces. En busca de ideas nuevas, Pellegrini agregó una "línea de tendencia" que ilustraba cuánto habían aumentado los precios en los últimos tiempos. Luego realizó un "análisis regresivo" para suavizar los altibajos.

La respuesta estaba frente a él: los precios de las viviendas habían subido un endeble 1,4% anual real entre 1975 y 2000. Pero se habían disparado más de un 7% en los años siguientes, hasta 2005. La revelación: los precios de las viviendas en EE.UU. tendrían que caer casi un 40% para regresar a su línea de tendencia histórica. No sólo los precios habían subido como nunca antes, sino que las cifras de Pellegrini mostraban que cada vez que el precio de las viviendas había bajado en el pasado, el descenso se había ubicado por debajo de la línea de tendencia, lo que sugería que una eventual caída sería brutal.

"¡Esto es increíble!", exclamó Paulson la mañana siguiente. El cuadro era su Piedra Rosetta que le permitía comprender el mercado inmobiliario. Ahora, tenían que encontrar la manera de transformarlo en ganancias.

Unos meses más tarde, Paulson estaba convencido de que había descubierto el negocio perfecto. Los seguros sobre hipotecas riesgosas se cotizaban a precios baratísimos. Su plan consistía en comprar montones de seguros contra la cesación de pagos, o inversiones que servían de seguros contra deuda por hipotecas riesgosas. Cuando los precios de las viviendas cayeran y los propietarios dejaran de pagar sus hipotecas, el valor de estos seguros aumentaría y Paulson se haría rico. Si podía convencer a una cantidad suficiente de inversionistas para que lo respaldaran, podría lanzar un fondo especializado en esta apuesta.

Al enterarse de la estrategia de inversión, Nolan Randolph, un ejecutivo de Crestline Investors, de Texas, y un cliente de Paulson & Co., no dejaba de sacudir la cabeza. La potencial desventaja era demasiado grande si la operación fracasaba, afirmó. Por eso rechazó la propuesta de Paulson. Lo mismo hizo la Universidad de Harvard, donde Paulson había estudiado.

Incluso algunos inversionistas que coincidían con Paulson en que los precios de las viviendas se desplomarían dudaron de que pudiera ganar mucho dinero, debido a que había relativamente poco corretaje en las inversiones que compraba.

Para mediados de 2006, Paulson había recaudado US$147 millones, principalmente entre amigos y familiares, para lanzar un fondo. Muy pronto, Josh Birnbaum, uno de los principales corredores de Goldman Sachs, fue a ver a Paulson para decirle que su firma continuaría comprando algunas de las hipotecas contra las que apostaba Paulson & Co. El inversionista no pareció inmutarse y siguió con su plan.

Unos meses después, Paulson y Pellegrini estaban ansiosos por encontrar más formas de apostar contra hipotecas riesgosas. Acumular seguros hipotecarios en el mercado resultó ser un proceso lento. Pronto encontraron una forma creativa y controvertida de incrementar sus operaciones.

Se reunieron con banqueros de Bear Stearns, Deutsche Bank, Goldman Sachs y otras firmas para pedirles si podían crear valores —paquetes de hipotecas llamados obligaciones de deuda colateralizada, CDO— contra las que pudiera apostar Paulson & Co.

La mayor ganancia

Los bancos de inversión les venderían los CDO a clientes convencidos de que el valor de las hipotecas se mantendría. Paulson compraría seguros para las inversiones de hipotecas CDO, una apuesta a que perderían valor. De esta forma, Paulson podría apostar contra alrededor de US$1.000 millones de deuda hipotecaria en una sola jugada. Varios bancos, incluidos Deutsche Bank y Goldman Sachs, aceptaron trabajar con su equipo. Posteriormente, algunos inversionistas afirmaron que Paulson contribuyó en forma indirecta a la creación de más inversiones en CDO que desembocaron en pérdidas adicionales de miles de millones de dólares para quienes poseían pedazos de estos instrumentos.

Paulson aún no estaba seguro de que su estrategia fuera a dar resultado. Simplemente compraba protección, afirmó. "No creamos ningún valor, nunca vendimos los valores a inversionistas", dice Paulson. "Siempre pensamos que eran préstamos tóxicos".

A fines de 2007, Pellegrini llevó a su esposa de vacaciones a Anguila, en el Caribe. Cuando se pasó por un cajero automático para retirar algo de efectivo, su esposa consultó el balance de su cuenta corriente. En la pantalla apareció una cifra que no había visto en su vida: US$45 millones, recién depositados en su cuenta conjunta como un regalo sorpresa. Era parte de la bonificación de Pellegrini para ese año.

"Wow", dijo su esposa discretamente, sin apartar la vista de la pantalla. Se marcharon, agarrados del brazo, camino a un barco que los llevaría a la cercana isla de St. Barts.

El balance personal de Paulson para 2007 fue de casi US$4.000 millones. Fue la mayor ganancia obtenida en un año en la historia de los mercados financieros.

Fuente: WSJ