22 dic. 2009

La lección española sobre reforma bancaria: No se complique

Por Michael Casey

NUEVA YORK (EFE Dow Jones)--La deuda soberana de España está disparada y su mercado inmobiliario ha muerto, pero al menos sus bancos disfrutan de buena salud.

Ahora que progresan las reformas de un sistema financiero deteriorado, merece la pena reflejar por qué los bancos españoles están en mejor forma que otros. La lección principal es que la regulación bancaria debe ser simple y evitar lagunas normativas ambiguas.

Si finalmente se asumen las propuestas esbozadas el jueves por el Comité de Basilea sobre supervisión bancaria, los supervisores del sistema tendrán que elaborar normas más estrictas y más simples sobre adecuación del capital antes de 2012. También se endurecerán en lo que respecta a la exposición al riesgo que los bancos llegaron a tener antes de la crisis en derivados y activos fuera de balance.

Sin embargo, aunque esto supone una mejora con respecto a las complejas normas de Basilea II, que establecían una enrevesada serie de ponderaciones de riesgo para algunos ratios de capital y dejaban a los bancos a su cargo, las nuevas reglas aún carecen de la simplicidad y claridad que tienen en España.

Entre otras medidas, el Banco de España prohibió a los bancos que usaran vehículos de inversión especiales, en los que se acumulaban gran parte de las obligaciones de deuda y otros productos financieros estructurados que luego han avivado la crisis.

Además, establecía requerimientos de capital más elevados que los que tenía el Banco Central Europeo como referencia y obligaba a las entidades a provisionar cantidades proporcionalmente mayores en tiempos de fortaleza económica. Este modelo tan simple consiguió algo que los banqueros dicen ansiar: un colchón contra-cíclico para las épocas más débiles.

Los bancos de Canadá también estaban sujetos a normas sensatas: una sencilla adecuación de los ratios de capital que se basaba de forma clara en el capital común que podía soportar el riesgo y en un límite del apalancamiento que ponía coto a cuánto podían multiplicar los bancos sus pasivo en nuevo activo.

"No son ideas atractivas ni brillantes", dijo el gobernador del Banco de Canadá, Mark Carney, en Nueva York el mes pasado. "Si gestionas una institución financiera, deberías tener capital suficiente, y deberías reconocer los límites comprensibles del riesgo. No se puede aceptar sin más que porque hay una evaluación bien calibrada de los riesgos según Basilea II, los conoces exactamente".

Carney, que tiene un puesto en el consejo de Basilea, confía en que las nuevas normas globales sigan el modelo de Canadá, un proceso de reforma que también está encabezado por el Comité de Estabilidad Financiera creado por el grupo de las veinte naciones desarrolladas y en vías de desarrollo.

Así, aunque el anuncio de Basilea del jueves augura normas de adecuación del capital más duras y racionalizadas y un tratamiento más severo de la exposición de los bancos a derivados y otros tipos de riesgo, está por ver cuán simples y de aplicación universa son estas normas.

Primero, los pros: el ratio Tier 1, la medida más importante de la salud de un banco, será definida de modo predominante como capital común y beneficios retenidos. Se retirarán instrumento exóticos a corto plazo que permitan a los bancos alcanzar los ratios requeridos a un precio menor.

Además, se introducirá el límite para el apalancamiento que se aplica en Canadá, y nuevos estándares de liquidez que aseguren que los bancos pueden sobrevivir mejor a crisis a corto plazo.

Pero más que unos límites inflexibles a estos vehículos exóticos, el comité quiere que estén sometidos al mismo control de cobertura de capital y de apalancamiento que se aplica a otros activos.

Esto es todavía más laxo que en España, especialmente si la normativa de transparencia no se aplica de forma uniforme en los derivados que ese tipo de vehículos gestiona.

Por ahora, a pesar de los esfuerzos del Comité de Estabilidad Financiera, la Unión Europea y Estados Unidos están emprendiendo caminos diferentes en esta cuestión clave de la normativa. Tal como el Instituto de Finanzas Internacionales advirtió la semana pasada, esto podría incentivar el "arbitraje regulatorio" si las instituciones optan por una u otra normativa.

Una vez más: sencillez y consistencia deberían ser los principios que guiaran la reforma.