23 dic. 2009

La paradoja ecológica de China

Por Shai Oster

Beijing

Xu Shisen colgó el teléfono y sonrió. Era una llamada de Canadá, dijo el director general de ingeniería de una planta de energía a base de carbón, ubicada entre tiendas de antigüedades y arte de imitación en un suburbio de Beijing. Una empresa canadiense estaba interesada en los avances de Xu para reducir el costo de eliminar las emisiones de gases de efecto invernadero de la quema de carbón.

Ingenieros dirigidos por Xu tratan de resolver uno de los problemas más espinosos del cambio climático: cómo quemar carbón sin emitir carbono a la atmósfera.

Xu es parte de un esfuerzo más amplio que lleva adelante China para introducir tecnología verde en la economía industrial de más rápido crecimiento, una misión tan ambiciosa que podría cambiar el panorama de todo el sector, algo que ya ha hecho en otros, desde las grúas hasta las computadoras.

Hoy en día, pocos discuten que China sea la mayor fuente de emisiones de carbono del mundo. Sin embargo, menos conocido es que ahora China también se ha convertido en una fuente de algunas de las soluciones.

Su amplio mercado y su capacidad de bajar precios al producir en grandes volúmenes están reduciendo el costo de la energía solar y eólica, al igual que otras tecnologías menos perjudiciales con el medio ambiente como las baterías eléctricas para automóviles. Eso podría ayudar a hacerle frente a un gran impedimento para adoptar ese tipo de tecnologías: necesitan fuertes subsidios para ser rentables.

El llamado "precio China", la combinación de mano de obra barata y capital que reescribió el libro de reglas de la manufactura, está extendiéndose a la tecnología verde. "El precio China avanzará al terreno de la energía renovable, en particular para energía que depende de proyectos que requieren mucho capital", afirma Jonathan Woetzel, director de la oficina de McKinsey & Co. en China.

El gobierno de China respalda la tendencia. Quiere replicar el éxito de las zonas económicas específicas que transformaron ciudades como Shenzhen de un pueblo de pescadores cerca de Hong Kong en uno de los mayores centros manufactureros de exportación del mundo. Establecidas cuando China comenzó sus reformas económicas en la década de los 80, las zonas fueron diseñadas para atraer inversión extranjera a las manufacturas livianas para dar un empujón a las exportaciones. Luego, se convirtieron en motores del boom económico de China.

En 2010, los reguladores anunciarán varios centros de bajo carbono que tendrán políticas preferenciales para promover la manufactura y las exportaciones de bajo carbono.

Las metas de China enfrentan grandes desafíos. China podría terminar convirtiéndose simplemente en una base de manufacturas de bajo costo, en vez de una fuente de innovación. O peor, su intento por recortar costos podría trasladar la innovación a otros países.

A su vez, Beijing tiene mucho camino por recorrer para reducir la huella de carbono. Por cada planta energética envejecida que cerró en una campaña de limpieza de dos años, agregó la capacidad de alrededor de dos más. Incluso algunas de las mejores plantas son manejadas con deficiencias porque los jefes de las empresas no quieren pagar para limpiar sus emisiones.

En la lucha contra el calentamiento global, algunos de los mayores logros provendrán de limpiar el carbono de las plantas energéticas que queman carbón. China y EE.UU. juntos tienen 44% de las reservas mundiales de carbón, y no planean abandonar esta fuente de electricidad barata y confiable. Según proyecciones del gobierno de EE.UU., el uso mundial del carbón podría aumentar casi 50% para 2030.

La tecnología de captura atrapa los gases de dióxido de carbono emitidos por las plantas de carbón. El gas puede ser bombeado bajo tierra a altas profundidades, en general dentro de cavernas salinas o pozos petroleros antiguos. El carbono puede ser extirpado antes o después de quemar el carbón. La captura posterior a la combustión es más simple y puede colocada a posteriori en plantas energéticas existentes. Las versiones actuales recortan la producción de energía en un quinto o más.

Mucho más complicada es la captura de carbono previa a la combustión, que involucra plantas completamente rediseñadas. El carbón se quema para convertirlo en gas, el carbono se saca y el resto se quema. Las llamadas plantas de "ciclo de gasificación combinada integrada" cuestan miles de millones de dólares y aún no han sido desarrolladas a escala comercial.

China lleva la delantera en la tecnología para convertir el carbón en gas. Ha estado usando la tecnología de forma general para fabricar petroquímicos y fertilizantes como sustitutos del gas natural, que es más costoso. Future Fuels LLC, con sede en la ciudad de Houston, licenció la tecnología de gasificación de China para usarla en una planta en Pensilvania, en EE.UU.

Los críticos afirman que las tecnologías de captura de carbón son sólo un parche para el calentamiento global. Son tan ineficientes que es necesario quemar incluso más carbón para producir la misma cantidad de electricidad. Además, la tecnología usa mucha agua y el aislamiento de carbono bajo tierra no está probado.

Con todo, algunos analistas estiman que la captura de carbono podría representar entre 15% y 55% de la reducción mundial de emisiones acumulativas de carbono para 2100.

A pesar de los ejércitos de jóvenes graduados en ingeniería que tiene China, las empresas extranjeras aún crean y poseen la mayoría de las tecnologías clave. "China está unos 10 años atrasada en tecnología", dice Bernice Lee, directora de investigación en Chatham House, un centro de investigación con sede en Londres.

Los críticos en países ricos acusan a China de subsidiar de forma injusta a empresas a través de préstamos baratos de bancos estatales y enviar el excedente de producción a otros países. Otros afirman que sus errores podrían dañar el mercado para todos. "China está abaratando la energía renovable hoy, produciendo de más, igual que hace en la mayoría de las industrias", señala Daniel Rosen, director de la firma de consultoría Rhodium Group. "La pregunta —y el peligro— es si al enviar un exceso de suministro al mercado, China daña la innovación a largo plazo y la competencia en el sector para el futuro".

Fuente: WSJ