9 mar. 2010

Razones para el optimismo sobre los bonos británicos

por Gillian Tett

Esta semana el drama fiscal de Grecia ha vuelto a cobrar protagonismo, mientras Atenas intentaba hacer frente a la crisis con recortes presupuestarios y una emisión de bonos de 5.000 millones de euros.

No obstante, hay otro país cuyo mercado de bonos ha generado ahora un intenso debate: Reino Unido. Por el momento no ha habido ninguna catástrofe en los mercados de bonos. Al contrario, en las últimas semanas, los precios de los bonos del Tesoro británico, han permanecido relativa y sorprendentemente estables, aunque el Banco de Inglaterra dejara de comprar deuda y los datos fiscales fueran alarmantes.

El jueves, por ejemplo, la rentabilidad de los bonos a diez años apenas se movió del 4,02%, aunque el Banco mantuvo la suspensión de su programa de compra de bonos. Sin embargo, un cierto ambiente de tensión comienza a respirarse en Londres, al menos, en la mente de muchos inversores. Hace seis semanas, el gurú Bill Gross, de Pimco, llegó a afirmar que Reino Unido “descansaba sobre un lecho de nitroglicerina”, en relación al enorme endeudamiento acumulado, y advirtió del riesgo de una fuerte devaluación de la moneda, lo que provocó los recelos de los inversores. La semana pasada, el grupo de gestión de fondos Schroders indicó que la calificación de Reino Unido corría el peligro de sufrir una rebaja debido a su situación fiscal. Por si fuera poco, los numerosos foros de inversores manejan cifras nada halagüeñas. El déficit presupuestario británico, por ejemplo, se sitúa en el 12% del PIB, un nivel que no dista mucho del de Grecia. Además, la deuda bruta del sector público podría alcanzar en los próximos años el 100% del PIB.

Y, lo más preocupante de todo, según los últimos sondeos de opinión, ningún partido alcanzaría una mayoría holgada en las elecciones de este año, lo que restaría capacidad al próximo Ejecutivo para abordar problemas como el de la deuda. En opinión de un gurú de los hedge funds, “dada nuestra posición fiscal y la situación política, Reino Unido podría relegar a Grecia a un segundo plano”.

¿Llevará razón? En algunos aspectos, es posible. Después de todo, Reino Unido ha cometido numerosos errores en los últimos años y la situación política parece ahora mismo desmoralizante. Dicho lo cual, no se descartan más caídas de la libra. No obstante, antes de que los inversores se vuelvan demasiado pesimistas, hay un dato que deberían tener en cuenta, y que prácticamente se ha ignorado durante todos estos años. Me refiero al vencimiento medio de la deuda soberana británica. En la mayoría de los países europeos, la cifra oscila entre los cinco y los nueve años. En Grecia, por ejemplo, está en casi ocho años y en Alemania, en seis. En EEUU, en cambio, la cifra es inferior a los cinco años, lo que sitúa al país ante uno de los mayores desafíos de refinanciación del mundo. Reino Unido, sería, por tanto, un caso atípico.

El vencimiento medio del mercado de bonos se sitúa actualmente en 14 años, el mayor del mundo. Es pura casualidad. El Gobierno británico tiene la suerte de contar con un amplio sistema de pensiones que necesita activos en libras a muy largo plazo, de ahí la compra de bonos con altas duraciones. No obstante, la política también juega un papel importante en este aspecto. En EEUU, las autoridades del Tesoro han prestado en los últimos años poca atención a la gestión de la deuda, al no tener hasta ahora dificultad en vender bonos.

En cambio, sometidas a la presión del FMI, las autoridades del Banco de Inglaterra y del Tesoro británico siempre han realizado un exhaustivo seguimiento de la gestión de la deuda. Y, en los últimos años, han hecho lo posible para prolongar el vencimiento de la deuda británica. También han introducido otras novedades como los bonos vinculados a los índices. Aunque esas medidas no parecían prioritarias durante el boom crediticio, en la última década, las autoridades británicas se dedicaron a emitir deuda a largo plazo (incluidos bonos a 50 años).

Esta realidad no garantiza que Reino Unido sea capaz de evitar una crisis. El país necesita vender 550.000 millones de libras de nuevos bonos en los próximos tres años, operación que podría resultar difícil a menos que el Banco de Inglaterra interviniera y comprara más bonos. Al menos, el prolongado vencimiento de la deuda británica le concede al país un respiro. La conclusión que podría extraerse de esta situación es que, las medidas sensatas suelen aplicarse, como siempre, después de haber sufrido una crisis reciente, en este caso relacionada con la venta de bonos estatales. Las autoridades del Tesoro de EEUU deberían tomar nota.

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