10 mar. 2010

Terremoto desnuda la desigualdad social y económica en Chile

Por Matt Moffett y Paulo Prada

SANTIAGO, Chile— El terremoto de Chile ha tenido una réplica inesperada: ha sacudido la confianza del país en su camino a convertirse en un país desarrollado.

Para muchos chilenos, el terremoto expuso profundas grietas sociales y económicas, generando quejas de que los barrios pobres fueron los más golpeados por el sismo y especulación de que los saqueos rampantes fueron en parte una venganza contra los más acaudalados.

La socióloga Lucia Dammert lo llamó "un terremoto social" que reveló "un país fracturado, dividido socialmente con una población que se siente excluida y como resultado de ello actúa con una falta de valores comunales".

Los barrios más acaudalados del nororiente de Santiago sufrieron pocos o ningún daño, debido a la sólida arquitectura moderna que cumple con uno de los códigos de construcción más estrictos del mundo. Abraham Senerman, arquitecto de un edificio de 52 pisos que pronto será inaugurado en Las Condes, uno de los barrios más elegantes de la capital, se jactó en los medios de que la torre sobrevivió el sismo casi ilesa.

Al otro lado de la ciudad, en el popular barrio de Pudahuel, la vivienda de tres habitaciones de Celia Aliaga, una antigua casa de campo hecha de adobe, se derrumbó. "Esto era todo lo que tenía y no me queda nada con que reconstruir", dijo Aliaga, una ama de casa de 56 años que ha estado durmiendo con su familia bajo un techo de hojalata en el patio trasero desde el terremoto.

La brecha económica en la sociedad chilena ha sido un problema que se ha estado gestando durante un buen tiempo, pese a que las reformas de libre mercado han ayudado a impulsar al país a un período prolongado de crecimiento y estabilidad. El 20% de los hogares más pudientes de Chile ganan cerca de la mitad de los ingresos del país, frente al 5% del quinto más pobre.

Recientemente, Chile se convirtió en el primer país sudamericano en ser invitado a unirse a la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica, pero un reporte del exclusivo grupo de economías avanzadas indicó que las inequidades chilenas eran "muy altas" para los estándares del grupo.

El gobierno chileno reconoce que la inequidad sigue siendo un problema y que la gente en áreas rurales y pobres tuvo que esperar más para recibir ayuda, debido a los retos logísticos de llegar hasta ellos.

Sin embargo, refiriéndose a la magnitud del terremoto, que fue sentido por más del 80% de la población, Pilar Armanet, portavoz de la presidenta Michelle Bachelet, dijo que "el terremoto fue muy democrático". Añadió que el tsunami que afectó a las localidades más pobres a lo largo del borde costero también afectó a muchas personas de clase alta y media que estaban veraneando.

Aún así, las diferencias en el estatus económico parecieron tener una influencia decisiva a la hora de determinar la forma en la que la gente soportó el terremoto.

Funcionarios en Santiago han denunciado a algunos constructores por tomar atajos en la construcción de hogares en los barrios menos acaudalados. En Maipú, un suburbio de clase media en el surponiente de Santiago, el alcalde Alberto Undurraga pasó la semana pasada reunido con residentes de dos complejos de apartamentos que se doblegaron con el sismo y tendrán que ser demolidos. Los residentes reclaman airadamente que los apartamentos levantados por la misma constructora en zonas más acaudalados de la ciudad no colapsaron. Los residentes, con la ayuda de la ciudad, están demandando a la constructora y buscan tomar otras acciones legales a través de una agencia de protección al consumidor. Los intentos por contactar a la constructora fueron infructuosos.

Más al sur, cerca del epicentro, el estatus socioeconómico de los chilenos también afectó su visión de los saqueos posteriores al terremoto. Gustavo Rivera, fundador de la cadena de tiendas por departamentos MultiCentro, señaló que los saqueos fueron fundamentalmente un problema de orden público y de la demora del gobierno para enviar tropas a las calles. "Este es un país que respeta la autoridad", indicó mientras un grupo de empleados barría los vidrios de las ventanas quebradas de un local de MultiCentro que fue saqueado en la ciudad de Constitución. "Sin autoridad, es el caos".

Sin embargo, otras personas sugirieron que detrás de los saqueos se encuentran inequidades sociales más profundas. José Rafael Alegría, una víctima del terremoto que sostenía un letrero en el que pedía comida al lado de una carretera cerca a la ciudad de Constitución, dijo que algunos comerciantes buscaron aprovecharse del terremoto al subir los precios, lo que podría explicar el por qué los chilenos más pobres podrían haber mostrado su resentimiento contra ellos. Indicó que algunos de los comerciantes habían doblado el precio de un saco de harina después del desastre.

El presidente electo, Sebastián Piñera, que se había comprometido a convertir a Chile en un país desarrollado para 2018 ahora tendrá que invertir sus primeros dos años de gobierno en la reconstrucción de las zonas afectadas, dijo Otto Granados, un académico mexicano que trabajó en el gobierno de ese país durante el terremoto de Ciudad de México en 1985 y que posteriormente fue embajador en Chile.

Granados cree que Chile ha respondido bastante bien al sismo y que parte de los problemas y saqueos tuvieron que ver más con la naturaleza humana que con defectos en la sociedad chilena. Para ilustrar su punto citó un refrán mexicano "cuando las arcas se abren, incluso el más honesto peca".

Fuente: WSJ