24 jun. 2010

Nuestra agenda para el G-20

Por Timothy Geithner y Lawrence Summers

Esta semana, el presidente Barack Obama viajará a Toronto para la cumbre del G-20. Involucrarse más con el G-20 ha sido un componente clave de la estrategia del gobierno para frenar la crisis financiera y asegurar la recuperación económica. Un crecimiento más fuerte con una sólida creación de empleo en Estados Unidos depende de una economía global en expansión y el G-20 de este año provee una oportunidad importante para concentrarse en las políticas requeridas para reforzar el crecimiento.

El año pasado en Londres, en G-20 acordó una estrategia coordinada sin precedentes para poner fin a esta crisis. A finales del año, en Pittsburg, establecimos un nuevo andamiaje para el crecimiento global y designamos al G-20 como el principal foro para la cooperación económica internacional. En Toronto, tomaremos medidas para asegurarnos de que la recuperación actual sea sostenible.

Gracias a una acción fuerte, decisiva y coordinada, el presidente Obama y los otros líderes del G-20 han logrado progresos significativos desde esa reunión en Londres. La economía global, que en ese momento se estaba contrayendo a una tasa sin precedentes, ahora se está expandiendo y el comercio global se ha incrementado en más de 20% a lo largo de los últimos 15 meses.

Este cambio ha sido especialmente marcado en Estados Unidos. Al momento de la cumbre en Londres, la economía estadounidense se estaba contrayendo a una tasa anual de 6%. Ahora está creciendo a una tasa superior a 3%, el mayor cambio en el crecimiento estadounidense en 50 años.

A principios del año pasado, EE.UU. estaba perdiendo más de 700.000 empleos al mes y hoy el sector privado está generando nuevos empleos. La recuperación sólo fue posible debido a que tomamos medidas para reparar nuestro sistema financiero, reduciendo los costos de préstamo para los propietarios de viviendas, consumidores y negocios y estableciendo la Ley de Recuperación, la cual incrementó la demanda al reducir los impuestos para las familias, ayudando a los trabajadores desempleados e invirtiendo en infraestructura.

Aún enfrentamos enormes retos. Para mantener el impulso de la recuperación estadounidense necesitamos un crecimiento global fuerte, balanceado y sostenible. El crecimiento global ayudará a duplicar las exportaciones estadounidenses en los próximos cinco años, apoyando a varios millones de trabajos estadounidenses, una meta clave de la iniciativa de exportaciones del presidente. El G-20 es crítico para asegurar el crecimiento global y tres prioridades deben estar en el centro de nuestra agenda en Tokio.

Primero, el G-20 debe continuar trabajando juntos para asegurar la recuperación global por la que trabajaron tanto. Debemos asegurarnos que la demanda global sea tanto fuerte como balanceada. Aunque EE.UU. fue la mayor fuente de demanda para el crecimiento económico mundial antes de la crisis, la demanda global debe descansar sobre muchos pilares en el futuro. Es por esto que el G-20 debe apoyar el programa de reformas en Europa y la financiación que la Unión Europea y el FMI proveerán a los países que enfrente agudos retos fiscales. Hay un amplio consenso sobre la importancia de la sostenibilidad fiscal, pero el momento y la secuencia precisa de esa consolidación debería varias a lo largo de los países y ser calibrada para mantener el impulso de la recuperación del sector privado.

Los países deben implementar planes creíbles para estabilizar sus niveles de deuda a PIB y fijar un ritmo de consolidación que refuerce el impulso de crecimiento. Debemos demostrar un compromiso para reducir los déficits a largo plazo, pero no a costa del crecimiento a corto plazo. Sin un crecimiento ahora, los déficits subirán más y más y socavarán el crecimiento futuro.

Las economías emergentes pueden ayudar a fortalecer la recuperación global al fortalecer las fuentes domésticas de crecimiento y permitir más flexibilidad en sus tasas de cambio. Le damos la bienvenida a la reciente decisión de China de hacerlo y ansiamos ver su vigorosa implementación.

Segundo, necesitamos acelerar los esfuerzos para establecer un marco global para la regulación financiera. Aquí en EE.UU., estamos a punto de completar la reforma financiera más amplia en más de 70 años. Esta reforma limitará los riesgos excesivos, reducirá el apalancamiento, reformará la compensación, protegerá a los consumidores, traerá transparencia y más competencia a los mercados de derivados, enfrentará el problema de las firmas que son demasiado grandes para quebrar, y se asegurará que los contribuyentes no soporten los costos cuando las firmas terminan por quebrar.

El mundo debería darle la bienvenida al anuncio de Europa sobre propiciar una mayor apertura de datos sobre su sistema bancario, que da un impulso aún mayor para que el G-20 trabaje para lograr que todas las instituciones y los mercados globales queden bajo la órbita de un sistema regulatorio más transparente. De forma crítica, necesitamos alcanzar un acuerdo internacional para reducir el apalancamiento y aumentar los requisitos de capital, y mejorar tanto la cantidad como la calidad del capital. Mientras las nuevas medidas deben ser introducidas en fases, de forma gradual, para no interferir con el flujo de crédito, establecer esas reglas ahora puede ser una fuente importante de certeza y confianza.

Tercero, necesitamos avanzar sobre otros desafíos globales que son esenciales para la seguridad y la prosperidad futuras del mundo. Junto con nuevos esfuerzos para establecer una nueva base para el crecimiento económico, debemos seguir con nuestro compromiso formal de levantar los estándares de vida en los países en vías de desarrollo y para realizar inversiones más inteligentes en áreas como desarrollo agrícola y seguridad de alimentos.

Además, debemos enfrentar el desafío urgente de nuestras necesidades de energía, como deja en claro el actual desastre en el Golfo de México. En Pittsburgh, los países del G-20 acordaron dejar de lado de a poco subsidios ineficientes a los combustibles fósiles. EE.UU. ha explicado cómo pretende alcanzar esta meta, e instamos a otros países del G-20 a demostrar su compromiso con este objetivo crítico al detallar cómo y cuándo planean eliminar las políticas que alientan el sobre-consumo de combustibles fósiles.

En esta nueva era, cuando los mercados emergentes representan dos tercios del crecimiento global, una acción concertada por parte del G-20 es la única forma efectiva de enfrentar los desafíos que hay por delante. En momentos en que los líderes mundiales llegan a Toronto, debemos renovar el sentido de propósito común y urgencia colectiva que le ha servido tanto al mundo durante el último año y medio.

Geithner es el secretario del Tesoro de EE.UU.
Summers es el director del Consejo Económico Nacional de EE.UU.

Fuente: WSJ