21 jun. 2010

Nuevo tipo de cambio chino favorece el consumo a costa de las exportaciones

Por Andrew Batson

BEIJING—La decisión de China de flexibilizar su tipo de cambio pondría a la tercera economía mundial, después de Estados Unidos y Japón, en camino para apuntalar el poder adquisitivo de sus consumidores y aliviar las tensiones con otros países causadas por su larga dependencia de las exportaciones.

La decisión de abandonar la tasa de cambio fija que mantuvo durante casi dos años, anunciada por el banco central el fin de semana, fue aplaudida por las autoridades de Estados Unidos y otros socios comerciales aunque es probable que sólo se traduzca en una modesta apreciación del yuan, al menos al principio.

Fue una decisión difícil para las autoridades chinas, donde los factores políticos tuvieron tanto peso como los económicos. El liderazgo debió superar una enconada resistencia por parte de un lobby de exportadores, así como su propio nerviosismo sobre el riesgo de permitir la apreciación del yuan cuando abundan problemas económicos en Europa y otros lugares del mundo.

La decisión, no obstante, demostró pragmatismo y un deseo de colocar a las relaciones económicas de China con el mundo sobre bases más sostenibles. La presión para revaluar la moneda se había estado acumulando tanto en EE.UU. como dentro del Grupo de los 20, que tendrá una cumbre el próximo fin de semana en Toronto.

"China está adoptando una postura cooperativa. Quieren mostrar que China contribuye al equilibrio global", indicó Wang Tao, economista de UBS en Beijing. "Quizás China no actúa con la rapidez que muchos quieren, pero avanzan en la dirección correcta".

Esa dirección es hacia una economía menos orientada a la venta de mercadería al resto del mundo y más orientada al gasto de sus consumidores. Tanto China como sus socios comerciales afirman que un cambio de este tipo sería beneficiosos para el país y el resto del mundo: China sería menos vulnerable a los problemas externos, reduciría su superávit comercial, que se ha convertido en un tema espinoso para sus socios comerciales, y brindaría más oportunidades para las empresas internacionales en el mercado chino.

"China acelera la reestructuración de la economía y transforma su modelo de crecimiento, una tarea que se ha vuelto más importante y urgente debido a la crisis financiera internacional", afirmó el banco central en una declaración.

La flexibilización del régimen cambiario también es evidencia de que los líderes chinos pueden llevar adelante cambios estructurales a pesar de la oposición doméstica.

La medida fue celebrada por líderes mundiales. "La decisión de China de aumentar la flexibilidad de su tipo de cambio es un paso constructivo que puede ayudar a resguardar la recuperación y contribuir a una economía global más equilibrada", señaló el presidente estadounidense Barack Obama en un comunicado. Líderes de Japón, Rusia y Europa también respaldaron la medida.

La decisión de regresar a lo que China llama "una tasa de cambio flotante manejada" podría evitar un enfrentamiento internacional sobre sus prácticas cambiarias, aunque en gran parte dependerá de la forma en que China permita la fluctuación del yuan. Cuando China siguió este régimen cambiario, entre 2005 y 2008, el yuan se apreció 21% contra el dólar. Desde entonces, el tipo de cambio casi no se ha movido.

También es probable que los inversionistas reciban con beneplácito la decisión, porque reduce el riesgo de un conflicto que podría poner en riesgo la recuperación de la economía global. El banco central de China mencionó la sólida recuperación de la economía doméstica para justificar la medida, un juicio que podría fortalecer la confianza de los inversionistas, que se ha visto sacudida por los problemas de deuda en Europa y una desaceleración en las ventas de viviendas en China.

Un equilibrio delicado

China regresó a un sistema de tipo de cambio fijo en medio de la crisis financiera, luego de permitir cierta flexibilidad entre mediados de 2005 y mediados de 2008, y defendió la política como un medio para sostener una importante estabilidad en medio de las turbulencias globales.

Pero al impedir la apreciación de su moneda, China favoreció a sus exportadores a expensas de quienes desearían comprar más bienes del extranjero. Asimismo, el crecimiento impulsado por las exportaciones parecía cada vez menos sostenible, cuando los consumidores estadounidenses prefirieron pagar sus deudas y consumir menos y los políticos estadounidenses no ocultaron su molestia por la brecha comercial que favorecía a China.

El fortalecimiento del yuan altera el balance, al darles a los consumidores locales más poder adquisitivo internacional y al ejercer presión sobre los exportadores. Se trata de un cambio que el Fondo Monetario Internacional y otros consideraron cada vez más importante como parte de la creación de un nuevo orden económico que le permita al mundo crecer de forma constante sin un estímulo artificial del gobierno.

Aunque la moneda es sólo una parte del complejo panorama económico de China, es un componente clave. Una moneda más fuerte es importante a largo plazo, afirmó el director del FMI, Dominique Strauss-Khan, porque "ayudará a aumentar el ingreso de los hogares chinos y brindará los incentivos necesarios para reorientar la inversión hacia industrias que abastecen al consumidor chino".

El anuncio en Beijing culmina meses de intensas maniobras diplomáticas por parte del gobierno de Barack Obama y representa una cierta recompensa por el capital político que gastó para allanar el camino hacia un cambio.

Los chinos alertaron al gobierno de Obama poco antes de divulgar la decisión. Pero en público, al menos, el gobierno chino siguió emitiendo duras respuestas a las preguntas sobre su política cambiaria incluso hasta el viernes pasado. El retraso le permitió a Beijing encontrar el momento casi ideal para el anuncio tanto en lo político como en lo económico.

A comienzos de año, los mercados de derivados cambiarios estimaban que el yuan se iba a apreciar poco más de 3% frente al dólar durante los próximos 12 meses.

Incluso a comienzos de junio, las expectativas habían descendido a una apreciación de 1%. China, por lo tanto, puede decir que la decisión no tuvo nada que ver con la presión de los mercados financieros.

"Esto marca el inicio de una nueva era", aseveró Li Daoku, economista que forma parte del comité de política monetaria del banco central de China.

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Fuente: WSJ