6 oct. 2010

El divorcio en épocas de crisis económica

Por Mary Pilon

Una ruptura conyugal siempre es difícil, pero en la peor crisis económica que la mayoría de nosotros ha vivido, puede ser insoportable.

El menguante valor de las viviendas, las flojas inversiones, la amenaza de la pérdida de empleo y los elevados costos educativos y de salud han hecho el divorcio y la división de activos más difícil que nunca.

Sin embargo, existen alternativas más baratas y menos estresantes que el tradicional proceso de divorcio. Opciones como la mediación y el "divorcio colaborativo" pueden funcionar financieramente. La clave: trabajar juntos, algo difícil para la mayoría de las parejas en proceso de divorcio.

Históricamente, el número de divorcios baja en épocas de enfriamiento económico. La tasa de divorcio para las mujeres casadas cayó de 17.5 por cada 1,000 personas en 2007 a 16.9 en 2008, según el Proyecto Nacional de Matrimonio de la Universidad de Virginia.

Si bien algunos expertos afirman que la caída se debe a la necesidad de permanecer juntos en tiempos difíciles, muchos dicen que la renuencia a dividir activos devaluados —y deudas— es una de las principales razones por las que muchas parejas retrasan su divorcio.

Otra razón: los costos legales, que pueden ascender a decenas de miles de dólares, tardar varios meses o años, y revelar más información personal que los divorcios colaborativos o con mediación.

El crecimiento de los llamados métodos de divorcio alternativos ha ayudado a reducir costos. Tan sólo 1% de los casos con mediación les cuestan a las parejas más de $15,000, frente a 11% de los casos litigados, según el Instituto de Analistas Financieros de Divorcios.

En una mediación, las parejas se reúnen con los abogados fuera de los tribunales para llegar a un acuerdo que se presenta posteriormente a un juez. En un divorcio colaborativo, las parejas contratan a una serie de expertos —incluyendo abogados, profesionales de salud mental y planificadores financieros— para alcanzar un acuerdo en una negociación más estructurada.

La forma más barata es que la pareja logre un acuerdo por sí sola para presentárselo a un abogado para que redacte los documentos pertinentes, dice la abogado marital Norma Levine Trusch.

Algunas parejas deciden arreglárselas por su cuenta, bien comprando software de planificación y resolución de divorcios o representándose ellos mismos en los tribunales. Pero esta estrategia puede fallar si un acuerdo infringe las leyes estatales o si resulta en un acuerdo desigual costoso de resolver posteriormente, dice Laura Belleau, abogada familiar de Tucson, Arizona.

Independientemente de cómo se divorcie una pareja, los pequeños detalles en el reparto de activos se magnifican durante un bajón económico. Probablemente, cada cónyuge deberá proveer documentos financieros, tales como declaraciones de impuestos, estados de cuentas de corretaje o informes de deudas. Por lo general, en estados donde rige la "distribución equitativa", los jueces determinan lo que es "justo", por lo que se considera toda la propiedad marital antes de su división. En estados con "propiedad comunitaria", los activos maritales se dividen normalmente por la mitad.

Al dividir las deudas, los jueces analizan la suma y la razón por la que se incurrió en ese gasto. Si la deuda se originó fuera del matrimonio, quien adquirió la deuda será probablemente el responsable de asumirla. Si era una deuda marital, probablemente se dividirá.

Ante las dificultades para vender viviendas devaluadas, cada vez más parejas compran la parte de su cónyuge para permanecer en ellas, o bien fijan condiciones para una posible venta, incluyendo un cronograma y precios aceptables, o cómo dividir pérdidas sobre la casa.

Fuente: WSJ