24 mar. 2011

Poniéndole un precio al agua limpia

Por Peter Brabeck-Letmathe, Asit K.Biswas y Lee Kuan

El Día Mundial del Agua, que se celebró el martes, puede no generar mucho interés en un país como Estados Unidos, donde casi todas las personas tienen acceso a un abundante suministro de agua potable relativamente segura y limpia. Sin embargo, quien haya viajado a países como Brasil, India, México, Sudáfrica y Zimbabwe sabe que no es aconsejable beber agua del grifo debido a que su calidad es incierta.

El Centro del Tercer Mundo para la Administración del Agua calcula que la cantidad de personas que no tuvieron acceso a agua potable segura en 2009 fue al menos 1.800 millones. En la mayor parte de los países en desarrollo, debería ser posible proveer agua limpia a todos los centros urbanos de más de 200.000 habitantes. Tenemos el conocimiento, los fondos, la tecnología y la experiencia para hacer que esto sea posible. Que no lo hagamos se debe a una mala administración del agua, a malas prácticas de gobierno y a la falta de voluntad política.

Para que haya un acceso universal al agua, simplemente no hay otra opción que ofrecerla a un precio razonable. Los pobres deberían recibir subsidios dirigidos que podrían ser de varios tipos, por ejemplo, 20 litros de agua gratis, como en Sudáfrica. Actualmente, la gente pobre de Manila o Ciudad de México paga entre 10 y 15 veces más que los ricos para comprar agua, que no tiene una calidad diferente, a vendedores privados. Los ricos pagan un precio mucho más barato por el agua que llega a sus casas a través del sistema de acueducto, El sistema es inaceptable e insostenible.

La ciudad de Phnom Penh, en Camboya, ha mostrado cómo una buena administración del agua, incluyendo precios sensatos, puede asegurar un suministro de agua limpia a todos sus ciudadanos en forma continua. En 1993, la Autoridad para el Suministro de Agua de Phnom Penh, estaba casi en la bancarrota y podía proveer agua de calidad mala a solamente una pequeña fracción de su población y eso durante dos o tres horas al día.

Al mejorar su gestión, ahora está en condiciones de proveer agua limpia que puede ser bebida directamente de los grifos sin efectos negativos para la salud. Poniendo un precio equitativo al agua, las facturas de agua de los hogares más pobres en los barrios pobres se han reducido entre 70 y 80%, y los residentes reciben agua limpia 24 horas al día en sus casas.

En 2009, la autoridad del agua incluso pagó impuestos al gobierno camboyano por US$2,67 millones. Ahora cubre toda sus operaciones, el mantenimiento y los gastos por depreciación con el ingreso que recibe de los consumidores. Las pérdidas del sistema de agua son menos de la cuarta parte que las que tiene Thames Water of England, que es una empresa privada desde 1989.

Una nueva política de precios no implica la privatización del suministro de agua. De hecho, la investigación realizada por el Centro del Tercer Mundo para la Administración del Agua indica que incluso las proyecciones más optimistas, muestran que no más de 10% de la población mundial recibirá agua de proveedores privados. Por lo tanto, la principal pregunta que deberíamos estar haciendo ahora es cómo hacer que las empresas públicas sean más eficientes.

Phnom Penh ha mostrado que el desempeño de una empresa de servicio público puede ser transformado. Una razón importante de este destacable cambio fue la buena gestión y un sistema de precios eficiente y justo. Si Phnom Penh pudo hacerlo, con sus numerosas limitaciones, no hay absolutamente ninguna razón por la que otras ciudades en el mundo en desarrollo no puedan seguir su saludable ejemplo.

Brabeck-Letmathe es presidente de Nestlé, Biswas es presidente del Centro del Tercer Mundo para la Administración del Agua y Lee es profesor visitante de la Yew School of Public Policy y de la Universidad Nacional de Singapur.

Fuente: WSJ