23 mar. 2011

Prepárense para una UE dividida en dos

Por Irwin Stelzer

Veintisiete dividido por dos equivale a 17, y nos quedan 10. Esas son las nuevas euromatemáticas.

Antes o después, la crisis financiera de la eurozona terminará. Los bancos griegos, irlandeses, portugueses y probablemente españoles tendrán sus cuentas bien recortadas y se habrán visto obligados a sanear sus inadecuados balances, los exportadores alemanes seguirán beneficiándose de un euro que sus socios del sur han debilitado y la eurocracia habrá encontrado otros motivos para reunirse. Pero Europa no será la misma.

Habrá cambiado en dos maneras muy importantes. La primera, la Unión Europea de 27 naciones se habrá dividido en dos grupos, uno de 17 miembros y el otro de 10. La segunda, las economías del grupo de los 17 estarán gestionadas por la coalición franco-alemana, mientras que las 10 naciones "sobrantes" lucharán una batalla perdida para llevar a cabo las políticas de la UE. La pacífica coexistencia entre el grupo de 17 y el de 10 no es cosa segura.

El grupo de 17 naciones de la eurozona ha dejado muy clara la dirección en la que van. La necesidad de evitar la quiebra de sus miembros demasiado endeudados está llevando a un sistema más dominante de gestión central de la economía. Los 17 tendrán acceso al balance de Alemania, y a cambio Alemania está demandando más poder de decisión sobre cómo gestionar sus asuntos económicos. No sólo los presupuestos, sino todos los factores que afectan a su competitividad internacional: métodos de negociar los salarios; la generosidad de sus estados de bienestar social, incluida la edad y los términos de las jubilaciones, y, principalmente, los impuestos.

No es cuestión que Grecia tome dinero prestado de las naciones más fuertes de la eurozona al tiempo que opera un sistema de transportes nacionalizado y deficitario; ni que países de la eurozona asocien las prestaciones de jubilación a las tasas salariales en lugar de a los precios minoristas, siendo Alemania el pagador ulterior; ni que uno de los miembros tenga su impuesto de sociedades a la mitad del nivel de la media. Está claro que un tipo de interés único para todos tiene que ir acompañado de más políticas económicas y fiscales uniformes.

Las naciones fuera de la eurozona, las 10 naciones "sobrantes", conservan sus divisas nacionales y el control de sus tipos de interés. El valor de sus divisas puede fluctuar, permitiendo la devaluación en caso de estar sobrevaloradas, y la apreciación en caso de amenaza de la inflación. Sus bancos centrales pueden subir o bajar los tipos de interés en respuesta a un cambio en las condiciones económicas. Y hasta cierto punto, pueden seguir las políticas liberales que más prefieran, en lugar de ajustarse a la línea más "anti libre mercado" fijada por los 17 de la eurozona.

Estas diferencias entre el grupo de 17 y el de 10 suponen una amenaza para la cohesión de los 27 miembros de la UE. Los países de la eurozona están desarrollando normas para una gestión coordinada de la economía sin consultar al excluido grupo de 10. El siguiente paso: implementar algunas de esas normas en las 27 naciones de la UE para evitar que los países no miembros de la eurozona obtengan una ventaja competitiva sobre los miembros de la eurozona, como afirman Francia y otros países que ha hecho Gran Bretaña al permitir que la libra fluctúe, permitiendo un mercado laboral menos regulado y manteniendo la regulación de los servicios financieros en un mínimo.

Los 10 excluidos son muy conscientes de su exclusión de las reuniones en las que se fijan las políticas que les afectarán. Al final, las votaciones por mayoría permiten al bloque de 17 dominar la toma de decisiones en la UE.

Francia tiene una solución para los países no miembros de la eurozona con una infrarrepresentación: que se deshagan de sus divisas nacionales y que adopten el euro para poder tener algo que decir --aunque en mucha menor medida que Alemania y Francia-- respecto a los borradores de las normas que gestionan la economía europea.

Esto no resulta muy interesante para el grupo de 10. Las razones económicas de Reino Unido para rechazar un asiento en la mesa a cambio de renunciar a su propia divisa están enraizadas en las diferencias básicas respecto a los países de la eurozona: una economía más sensible a los tipos de interés, una mayor dependencia de los servicios financieros, la necesidad de tener una divisa que se ajuste a las cambiantes condiciones económicas. Estas siguen siendo poderosas razones en contra de convertirse en miembro de la eurozona.

Mientras tanto, Suecia afirma que su economía es la que más crece en la UE, los daneses creen que no son Irlanda porque la corona no es el euro y los euromiembros Grecia e Irlanda se preguntan si los amigos con problemas deberían pagar unos enormes tipos de interés a sus amigos acreedores.

Las colonias americanas fueron a la guerra para romper con Gran Bretaña y combatieron bajo el lema "Impuestos sin representación es tiranía". El grupo de los 10 excluidos tendrá que decidir cuánto tiempo quiere tolerar la marginación antes de ver que la regulación sin representación es igualmente tiránica.

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Irwin Stelzer es director de estudios económicos en el Hudson Institute en Washington.

Fuente: WSJ