17 may. 2011

El histórico ascenso y desplome de la plata

Por Gregory Zuckerman y Carolyn Cui

Cuando los precios de la plata rompieron un récord de tres décadas la última semana de abril, David Zornetsky decidió invertir en ella. Desempleado, Zornetsky esperaba generar cierta ganancia que le permitiera mudarse desde las afueras del estado de Nueva York a Manhattan y pagar préstamos estudiantiles. "Había oído que la plata podía llegar hasta US$150 por onza este año", dice.

En cambio, el metal inició el mes de mayo con su peor retroceso desde la década de 1980, luego que se truncara un presunto intento infame de los hermanos Hunt, de Texas, por acorralar el mercado. El brutal bajón hizo caer los precios de los futuros de la plata a US$35,28 por onza de casi US$50 en apenas cinco días de negociación, y tanto los profesionales de Wall Street como los inversionistas particulares quedaron atónitos.

"No entiendo", dice Zornetsky, de 31 años, cuya inversión cayó alrededor de 25%. "Se supone que le irá muy bien a la plata este año".

Esta semana los precios de la plata están recuperándose, pero, a alrededor de US$38 la onza, sigue lejos del récord de abril.

Detrás del histórico colapso de la plata hay un mercado que se desancló, atizado por apuestas especulativas, muchas de ellas provenientes de pequeños inversionistas que pueden haber entrado en el momento incorrecto.

"Si el oro es un casino de Monte Carlo, la plata es una máquina tragamonedas en Las Vegas", dice Andy Smith, un estratega senior de metales de Bache Commodities.

Incluso los inversionistas más sofisticados están divididos sobre los metales preciosos. Para muchos de los nombres más respetados de Wall Street, como el gerente de fondos de cobertura John Paulson, la plata y el oro representan una protección contra los bancos centrales, que siguen regando dinero en el sistema financiero mundial, amenazando con disparar la inflación. Pero otros, como George Soros, consideran exagerados estos temores, arguyendo que es improbable que la Reserva Federal de Estados Unidos, por ejemplo, permita que la inflación se salga de control. Los fondos de Soros se han deshecho de posiciones en plata y oro en semanas recientes.

Toda clase de materias primas han trepado este año, pero pocas tanto como la plata. Eso es porque la plata es diferente a la mayoría de las demás, lo que la hace más susceptible a picos rápidos, como también a desplomes.

Por lo pronto, el mercado de la plata es menor que el de otros commodities, lo cual significa que espanta a inversionistas grandes que de otro modo intervendrían para atemperar amplios movimientos. La cantidad de contratos de futuros negociables del oro es casi cuatro veces el tamaño de la de la plata. El valor de la nueva oferta de oro el año pasado fue de US$217.000 millones, con 17% del suministro total en manos de bancos centrales e instituciones financieras multinacionales. En comparación, la nueva oferta de plata sumó US$49.000 millones en 2010, según GFMS Ltd., una firma de consultoría de metales con sede en Londres. Y menos de 5% de la plata está en manos de bancos centrales e instituciones, estiman los analistas.

Una gran cantidad de la plata del mundo está en manos de particulares en forma de monedas, medallas y lingotes, aunque es difícil obtener cálculos precisos de este número.

Tales inversionistas se sienten atraídos por el precio relativamente bajo de la plata, pero también pueden tener propensión al pánico. Los fans de larga data de los metales preciosos con frecuencia son personas impredecibles, suspicaces de las grandes firmas corredoras, cautelosas de catástrofes financieras y renuentes a guardar su dinero en el banco. Con frecuencia dependen del consejo de boletines, sitios de Internet vagos, propietarios de tiendas de monedas o su propia investigación.

La plata es más atractiva que el oro, dicen algunos de los inversionistas que confían en su buena racha, en parte porque su máximo histórico ajustado a la inflación es de alrededor de US$140 por onza, cerca de cuatro veces el nivel en que cotiza hoy.

La plata sigue con un alza de 14% en 2011, una de las mejores inversiones, a pesar del desplome reciente. De hecho, algunos fondos de cobertura, como Hayman Capital, de Kyle Bass, compró plata la primera semana de mayo, intuyendo que el metal blanco había llegado a niveles de ganga y que se encaminaba a un repunte, dice una persona cercana al operador.

Algunos inversionistas menores están manteniéndose firmes también. Donna Badach, una jubilada de 55 años, comenzó a comprar plata en 2003 a un costo promedio de US$25 por onza. Ahora tiene un alijo de monedas y lingotes, que dice mantiene guardado en un "depósito privado" y representa 60% de su fortuna. Compra plata "a manera de seguro", porque "es muy inquietante ver lo que está ocurriendo en todo el mundo".

"No creo que la corrección (del precio) durará mucho. La plata llegará a US$100 antes de fin de año", dice Badach, quien había trabajado en el sector de banca hipotecaria en el estado de Florida. "Nunca me he sentido tan segura en mi vida acerca de algo".

Fuente: WSJ