18 may. 2011

El voto latino determina la senda de la elección presidencial de EE.UU.

Por Gerald F. Seib

He aquí dos números que deberían preocupar a los republicanos: 56% y 64%.

Esos números son, respectivamente, el porcentaje del crecimiento de la población de Estados Unidos en la última década que provino de hispanos y el porcentaje de hispanos que votaron por los demócratas el año pasado.

Este es el número que debería preocupar a los demócratas: 69%.

Ese es el porcentaje de votantes hispanos habilitados que no se presentaron a votar en las elecciones de mitad de período de 2010.

Este cuadro —de una población grande y creciente de hispanos, predispuesta a los demócratas pero todavía un gigante dormido en términos electorales— explica mucho de la actividad que se ve en las rondas iniciales del ciclo político de 2012.

Explica por qué el presidente Barack Obama realizó no menos de cuatro actos dirigidos a hispanos en las últimas dos semanas. También explica por qué una de las primeras cosas que hizo Newt Gingrich tras declarar su candidatura a la nominación presidencial republicana fue una entrevista con la cadena en español Univisión (donde empezó hablando en español: "Jorge, gracias por invitarme a tu programa").

Y explica por qué de pronto hay intentos por revivir un amplio proyecto de ley que busca revisar la legislación de inmigración estadounidense, un asunto que había estado fuera del radar pero que ahora es debatido como uno de los pocos temas que un Congreso profundamente dividido podría tratar de abordar el año próximo.

El voto hispano ha sido durante mucho tiempo un asunto de fascinación y obsesión para seguidores de la política, pero los resultados de las elecciones de legislativas del año pasado —combinados con las realidades demográficas simples y abrumadoras— hacen que su importancia sea imposible de ignorar y difícil de sobreestimar.

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Es apenas una ligera exageración decir que los demócratas retuvieron el control del Senado el año pasado —al tiempo que perdieron el control de la cámara baja— debido al voto hispano. Los votantes hispanos salvaron la curul del líder de la mayoría del Senado, Harry Reid, en Nevada, y probablemente el del senador por Colorado Michael Bennet. También fueron cruciales para otros demócratas, entre ellos Barbara Boxer en California y Patty Murray en Washington, y todo ello en un año en que la concurrencia de los hispanos a las urnas no fue precisamente estelar.

Las tendencias demográficas significan que el voto hispano podría ser decisivo en la próxima elección presidencial, especialmente debido a que los resultados de votación de 2012 probablemente serán más estrechos de lo que fueron en las elecciones de 2008 que trajeron a Obama al poder. Unas pocas estadísticas ponen de relieve el asunto.

El censo de 2010 mostró que la población hispana del país creció en 43% en la década anterior, en tanto la población blanca creció por menos de 6%. La mediana de edad de la población hispana es 27,4; para la población blanca, la mediana de edad, es 41,2, y para la totalidad del país, 36,8.

Para fines políticos, es incluso más importante mirar cómo afectará el voto hispano en estados indecisos claves que Obama ganó en 2008 pero las cifras que, según se vaticina, tendrá más dificultad en retener en 2012. Estos estados no son meramente los predecibles en el Sudoeste, pero también en lugares inesperados también. En particular, el voto hispano bien podría ser decisivo en Virginia y Carolina del Norte.

A medida que pase el tiempo, los hispanos también cambiarán la política de los bastiones republicanos de Georgia, donde la población hispana casi se duplicó en la última década, e incluso en la profundamente republicana Texas, donde 38% de la población ahora es hispana. Dato interesante: el segundo nombre más popular para un bebé varón nacido en Texas el año pasado fue José.

La pregunta obvia, entonces, es cuáles son las fortalezas y debilidades relativas de ambos partidos entre los hispanos. Los demócratas tienen el atractivo histórico y más natural: son el partido con la cuota mucho mayor de minoría en su base, y el partido que apadrina programas sociales importantes para muchos hispanos de bajos ingresos. La posición mayoritaria de los demócratas sobre la reforma inmigratoria —más abierta, por ejemplo, a allanar la senda a la ciudadanía para inmigrantes indocumentados que han estado trabajando y pagando impuestos por mucho tiempo— les ha dado una imagen más amena ante los hispanos.

Aun así, el problema para los demócratas es que no han convertido esta población en la clase de fuerza electoral que podría ser; el 31,2% de hispanos calificados que votaron en 2010 se compara con 48,5% entre los blancos, según un nuevo informe del Centro Hispano Pew. Más aun, es posible que una reciente campaña del gobierno del presidente Obama contra los inmigrantes indocumentados en el mundo laboral pudiera generar una reacción adversa.

Para ellos, el mensaje de los republicanos será doble: los empleos son el asunto más importante para los hispanos, y nosotros somos el partido que crea empleos, y los republicanos comparten los valores sociales conservadores predominantes en la comunidad hispana.

El Comité Nacional Republicano está aumentando su personal de comunicación con los hispanos, y apunta a un número significativo de hispanos elegidos como republicanos el año pasado. En suma, cuando se trata de hispanos, el juego apenas comienza.

Fuente: WSJ