7 jun. 2011

Prepárense: aquí viene el yuan

Por Tom Orlik

La muralla está empezando a agrietarse.

Durante años, China le ha puesto trabas a la entrada y salida de capital de su economía, la segunda mayor del mundo. Ahora, el gobierno de Beijing está promoviendo una campaña para que el yuan juegue un rol protagónico en el escenario global y, como consecuencia, están apareciendo fisuras en esa monumental barrera financiera.

Un yuan que sea utilizado más ampliamente en el comercio internacional y en las inversiones podría llegar a desafiar la supremacía del dólar, corregir algunos de los desequilibrios que plagan la economía china y la global y obligar a un Estados Unidos derrochador a vivir dentro de sus posibilidades.

No será una transición fácil. Hay poderosos intereses creados en China que están satisfechos con el status quo y que intentarán frenar cualquier intento de reforma. Pero los cambios que China ha implementado hasta ahora han generado ímpetu tanto dentro como fuera de sus fronteras y podrían resultar demasiado fuertes como para ser resistidos.

Durante más de una década, el hermetismo del capital chino ha sido una característica definitoria de la economía global. Ha aislado al país del flujo internacional de capital, lo que le ha permitido salvarse de la crisis asiática de 1997 y salir prácticamente ileso de la crisis financiera estadounidense de 2008.

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Además, al negarles a los mercados de divisas un papel en la fijación del tipo de cambio, el gobierno ha podido mantener el valor del yuan en un nivel artificialmente bajo, alimentando un auge exportador que ya dura 30 años. Dado que los ahorradores chinos no pueden llevar su dinero al extranjero, los bancos han ofrecido bajas tasas de interés, manteniendo el costo del capital para la industria a precios bajísimos y apuntalando una ola de inversiones.

Shenzhen es un buen ejemplo: la que en 1979 era una aldea de pescadores es ahora una ciudad de 14 millones de habitantes construida alrededor del cuarto puerto de mayor tráfico del mundo. El capital de bajo costo subsidió la construcción de infraestructura de transporte y energía, fábricas y plantas de ensamblaje. Un yuan subvaluado, combinado con la mano de obra barata, le dio una ventaja competitiva a sus empresas frente a rivales extranjeros.

Pero la manipulación del tipo de cambio y las tasas de interés bajas tiene un costo. El capital barato se ha traducido en un exceso de capacidad en el sector industrial y burbujas en el mercado inmobiliario. La gestión del tipo de cambio en un momento de superávit comercial ha resultado en la acumulación de reservas descomunales en moneda extranjera: US$3,04 billones (millones de millones) para los que China tiene pocas opciones aparte de reciclarlos como créditos baratos para Estados Unidos.

Una de las primeras brechas en la restrictiva política china se produjo en julio de 2009, con un plan para permitir que las importaciones y las exportaciones se transaran en yuanes. En el primer trimestre de 2011, US$ 55.000 millones del comercio chino (7% del total) se transaron en yuanes. Para fines de abril de 2011, los depósitos en yuanes en el sistema bancario de Hong Kong habían subido a 511.000 millones de yuanes (US$79.000 millones), aproximadamente nueve veces los de julio de 2009, cuando fue lanzado el programa.

También se están relajando las limitaciones a las salidas de capital. El mes pasado, el gobierno de Shanghai anunció planes para permitir a los residentes de la ciudad invertir en el extranjero.

Pero una apertura más sustancial requerirá progresos en dos áreas: un tipo de cambio que se acerque a su valor de equilibrio y tasas de interés fijadas por el mercado. El yuan sigue subvaluado, pero dos factores sugieren que está mucho más cerca del valor de mercado que antes: se apreció 20% en términos reales desde 2005 contra una canasta conformada por las monedas de sus principales socios comerciales, y el superávit de cuenta corriente chino cayó a 5,2% del Producto Interno Bruto en 2010 frente a 10,1% en 2007.

Mientras tanto, las tasas de interés chinas todavía son fijadas por el gobierno. Pero el Banco Popular de China (PBOC)está intentando hacer progresos, aprendiendo de la historia económica del país.

Al comienzo de la era de las reformas, el gobierno designó a Shenzhen como una zona económica especial donde poner a prueba las políticas de libre mercado antes de expandirlas al resto del país. Ahora, Hong Kong servirá como un lugar similar de experimentación para las reformas del sistema financiero del país.

El rendimiento de la deuda denominada en yuanes que se opera en Hong Kong ya lo fija más el mercado que la tasa de referencia impuesta por el PBOC.

Los pasos siguientes

Ahora se acumula la presión sobre China para que abra más los canales a sus mercados de capital. La cuestión es si el cambio será rápido o lento. Los líderes del país parecen optar por la ruta cautelosa. El objetivo de convertir a Shanghai en una capital financiera internacional para 2020 era ampliamente asumido como el plazo de facto para abrir el capital. Pero su rápido progreso el pasado año ha aumentado las expectativas de que se adelante.

Si China acelera el cronograma, las implicaciones son enormes. Una tasa de interés más alta significará una expansión más lenta de las inversiones, lo que a su vez reduciría el apetito del país por las materias primas y desaceleraría el principal motor interno del crecimiento.

Un yuan más caro limitará la demanda por las exportaciones que han impulsado el explosivo crecimiento de la costa este del país. Los fabricantes de textiles, juguetes y herramientas (productos cuyos márgenes de ganancia son mínimos) serían los primeros en sucumbir. Los fabricantes de tecnología de punta como Hon Hai Precision Industry Co., que fabrica el iPad de Apple, ya decidieron trasladar sus plantas de producción al interior del país, para encontrar mano de obra más barata.

El próximo paso en el desarrollo del yuan sería adoptar un rol como moneda de reserva pero requerirá avances más sustanciales. Una cuenta de capital todavía fuertemente controlada por el gobierno implica que la moneda china no puede cumplir la principal función de las reservas: un activo líquido al que los bancos centrales pueden recurrir para estabilizar el valor de su moneda local.

La puerta hacia las reformas no está totalmente abierta pero tampoco está cerrada con llave.

Fuente: WSJ