11 jul. 2011

El apetito de China por el maíz altera los precios y los mercados

Por Tom Polansek, Ian Berry y Scott Kilman

Una ola de compras de maíz estadounidense por parte de China está poniendo en evidencia la capacidad de Beijing de alterar los mercados del grano y los precios de los alimentos en todo el mundo.

La semana pasada, China compró 540.000 toneladas de maíz de Estados Unidos para entrega después de agosto, según el Departamento de Agricultura (USDA, por sus siglas en inglés) , superando en 500.000 toneladas la cantidad que la agencia previó que China compraría en todo el año. La noticia catapultó los precios del maíz el jueves y el viernes, cerrando en US$6,75 el bushel, reactivando el mercado que llevaba tres semanas a la baja.

Ahora, los corredores creen que China podría comprar millones de toneladas de maíz estadounidense, lo que echaría por tierra los pronósticos del USDA y pondría bajo presión las reservas del grano incluso cuando los agricultores estadounidenses confían en una cosecha récord para la temporada.

Los chinos "están a las puertas, creemos, de necesitar mucho más maíz del que pueden producir", dijo David C. Nelson, estratega global de Rabobank, un banco de inversión especializado en las operaciones de la industria alimenticia.

Una serie de otras grandes ventas de maíz estadounidense a diferentes destinos, que serán revelados por el Departamento de Agricultura más adelante, está alimentando la especulación de que buena parte pueda dirigirse a China.

Las grandes compañías estadounidenses de granos han soñado durante años con que China recurra a la importación de cosechas extranjeras para alimentar a su población, pero hasta ahora no han avanzado mucho a la hora de adivinar cuándo sucederá eso. Un auge en las compras de China a mediados de los 90 desencadenó la previsión de un auge comercial para los agricultores estadounidenses e incluso temores, en algunos círculos, de que el apetito de China pudiera desatar una crisis de alimentos mundial. Pero no fue más que algo pasajero y durante un tiempo, China incluso pudo exportar maíz a sus vecinos en Asia.

Lo que está cambiando ahora es que la población china se está ganando poder adquisitivo. El éxito económico del país se traduce en un giro en los gustos de una creciente clase media hacia productos como leche de vacas alimentadas con granos, carne de cerdos alimentados con maíz y alimentos fritos en aceite de soya.

Si bien China es una de las grandes potencias agrícolas del mundo –es el mayor productor de trigo y arroz y el segundo mayor de maíz, después de EE.UU.—, la capacidad de Beijing para alimentar a su población es uno de los asuntos políticos más sensibles del gobierno.

Beijing se basa en una política de autosuficiencia alimentaria, que establece que los agricultores chinos proveerán al menos 95% de granos como el maíz y el trigo. Pero recientemente, el país ha surgido como uno de los mayores importadores de soya, devorando casi una cuarta parte de todos los granos de soya cultivados en EE.UU.

Además, el gobierno, convencido de que los alimentos baratos son importantes para la estabilidad nacional, está combatiendo un alza de la inflación. Los precios minoristas de los alimentos subieron 11,7% en mayo, en gran parte impulsados por un auge en la carne porcina. En respuesta, el gobierno chino trata de alentar a los criadores de porcinos para que adopten prácticas occidentales, como alimentar a los cerdos con raciones de piensos potentes hechos con soya y maíz.

El surgimiento de China como el comprador dominante de materias primas en todo el mundo (representa 21% del consumo global de maíz, 40% del de cobre y 39% del de algodón) está apuntalando los precios de los commodities pero también causando temores de que su apetito pueda avivar la inflación de alimentos.

"Para las materias primas que escasean en China, como el cobre y la soya, tienen una gran capacidad para influir en los mercados cuando compran", señala Allsion Nathan, directora gerente de investigación sobre materias primas en Goldman Sachs. "Son compradores estratégicos de cualquier commodity cuando creen que el precio es bueno".

La disposición de China de esperar a que los precios de una materia prima en particular bajen para comprar grandes cantidades es una señal para las compañías de alimentos de EE.UU. de que es poco probable que los mercados de granos se enfríen significativamente incluso si los agricultores estadounidenses recogen una cosecha mayor a lo previsto.

Se supone que el Departamento de Agricultura actualice el martes su previsión sobre las importaciones de maíz de China. Probablemente, la agencia elevará su pronóstico de 3 millones de toneladas a 4 millones, dijo Shawn McCambridge, analista de Jefferies Bache, una corredora en Chicago.

—Carolyn Cui y Jerry A. DiColo contribuyeron a este artículo.

Fuente: WSJ