11 dic. 2009

Los banqueros seguirán al dinero

por Gillian Tett

Este verano, un banquero londinense me reveló que estaba intentando comprar pisos en Singapur y Zúrich. No se debía, insistió, a que tuviera previsto mudarse (adora el colegio de sus hijos en Londres).

Pero estaba tan seguro de que algunos de sus colegas se marcharían de la City en los próximos años, que quería arriesgarse. "Probablemente sea demasiado tarde", confesó. "El momento adecuado para este negocio fue hace un año".

Tal vez no. En los dos últimos días, se han hecho furiosas advertencias de que los banqueros londinenses abandonarán la City tras la noticia conocida el miércoles de el Gobierno fiscalizará los bonus bancarios.

Sospecho que esta agitación olvida lo más importante. Existen buenos motivos para pensar que el papel de Londres en las finanzas globales se está viendo minado. Pero esto refleja factores estructurales más fundamentales –que van mucho más allá de las noticias sobre los bonus–.

Lo que está en juego es el viejo asunto de los desequilibrios macroeconómicos globales. En la última década, las economías no occidentales se han expandido a un ritmo asombroso. Goldman Sachs, por ejemplo, calcula que desde 2007, los denominados países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) han representado el 45% del crecimiento global, frente al 24% entre 2000 y 2006, o el 16% de los años 90. A ese ritmo, se calcula que las naciones BRIC alcanzarán la paridad con occidente en sólo 23 años.

Pero los mercados de capitales de esos países aún van muy a la zaga, debido a la debilidad de sus infraestructuras financieras. Así, los países no occidentales han pasado las dos últimas décadas reciclando ese capital a través de centros financieros occidentales, engullendo bonos del Tesoro, adquiriendo derivados de deuda, dirigiendo salidas a bolsa –etcétera–.

Londres ha sido hasta la fecha uno de los beneficiados, dado especialmente a que sus mercados disponían con frecuencia de una ventaja cultural, reguladora y geográfica sobre Nueva York. Pero las placas tectónicas se están desplazando. Como expuso McKinsey hace poco en uno de sus trabajos (Global capitales Markets; Entering a New Era), después de cuatro décadas de boom, los mercados de capitales occidentales parecen maduros –lo que implica que la próxima fuente de crecimiento se encontrará en los países no occidentales–.

O, por decirlo de otra forma, lo que es probable que suceda en las próximas décadas es que el negocio financiero se desplace allí donde esté el capital, ya sea Hong Kong, São Paulo o Shanghai. De momento, la rapidez y la generalización de este cambio no están claras, ya que la capacidad de estos países para crear infraestructuras financieras varía. Tokio, después de todo, es una muestra de que las grandes fuentes de capitales no siempre dan lugar a verdaderos líderes financieros globales.

Pero los bancos occidentales pueden oler la tendencia. Sólo hay que fijarse, por ejemplo, en el hecho de que Santander realizara recientemente una emisión de acciones por valor de 8.000 millones de dólares (5.431 millones de euros) en el mercado brasileño (obteniendo un coste de capital más bajo del que podría haber conseguido en Londres). O en que Hong Kong ha completado este año casi el doble de ofertas públicas de valores que Londres o Nueva York en términos de valor.

Entretanto, los rumores en Goldman Sachs sugieren que el banco estadounidense está considerando una salida a bolsa en China y Brasil. Los propios estudios del banco muestran que el ratio de capitalización de mercado en relación al producto interior bruto en los países BRIC ha crecido desde en torno al 20% hace una década a cerca del 70% en la actualidad.

Esto no quiere decir que Londres desaparezca como centro financiero global. Una gran parte de su negocio aún procede de los mercados occidentales, como Europa continental, y en el sector de la deuda y los derivados, sigue disfrutando de una importante ventaja sobre casi la totalidad del resto del mundo, excepto, posiblemente, Nueva York.

Pero la que cada vez parece más vana es la esperanza generalizada a principios de esta década: que Londres podría ser el principal centro financiero global en el futuro inmediato. En mi opinión, en la próxima década, el liderazgo en los mercados de capitales se distribuirá, en su lugar, de forma más equitativa por todo el mundo. Londres será sólo una parte del paquete.

Ese es el motivo de que los impuestos sean importantes. Personalmente, no creo que los financieros abandonen en masa la City por lo que Alistair Darling hizo el miércoles. Los brókeres operan con una mentalidad y un ritmo estacional extrañamente similar al de los granjeros: saben que viven en un mundo incierto, con el riesgo permanente de que un clima inesperado acabe con la "cosecha" financiera anual –ya sea una crisis del mercado o un jefe aborrecible–. Así, perder los bonus de un año debido a una inesperada tormenta fiscal puede ser tolerable –especialmente si afecta a muchos banqueros al mismo tiempo–.

Pero es el clima más general el que importa en este caso. El verdadero problema es que el ambiente está empeorando en Londres –sólo hay que fijarse en las normas sobre los visados, los impuestos del 50%, etc– mientras que otros pastos se están volviendo más fructíferos.

Así que, si me encuentro en otra ocasión con este banquero, le sugeriré un nuevo emplazamiento para su "negocio" de propiedades: ahora podría ser un buen momento para tomar posiciones cortas en propiedades en Chelsea y otras zonas de Londres de la predilección de los banqueros. Pero, hay que acentuar, con una perspectiva a 10 años, no a 10 días.

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