26 abr. 2010

La crisis financiera según uno de sus profetas

Por David Wessel

La izquierda en Estados Unidos ya encontró un villano a quién culpar de la crisis financiera: codiciosos banqueros de Wall Street, en especial los de Goldman Sachs. La derecha también halló su culpable: el gobierno, especialmente los gigantes hipotecarios semiestatales Fannie Mae y Freddie Mac.

Raghuram Rajan, de la Escuela de Negocios Booth de la Universidad de Chicago, dice que el tema es más complicado: fallas en las placas tectónicas de la economía mundial empujaron al gobierno y a los gigantes de las finanzas a un terremoto financiero.

Una lección de la crisis es que cuando nueve de cada 10 expertos insisten que todo está bien, la prensa debería dedicar más de 10% de su cobertura a los que opinan lo contrario. Tendría que haber prestado más atención a Rajan, quien en 2005 arruinó un homenaje a la carrera de Alan Greenspan, el entonces presidente de la Reserva Federal, al sugerir que los grandes bancos podrían estar conduciendo la economía hacia el precipicio. En una conversación, Rajan me adelantó argumentos que presentará en un libro que será publicado en julio (Fault Lines: How Hidden Fractures Still Threaten the World Economy, algo así como Fallas: Cómo fracturas ocultas aún amenazan la economía mundial). "Nos equivocamos si buscamos un chivo expiatorio en el sector financiero. Estaba haciendo lo que mucha gente quería. Y no muchas personas estaban haciendo preguntas", señala.

La primera falla tectónica que ve Rajan yace bajo EE.UU. A medida que los ingresos de los más adinerados crecían, los políticos respondieron a la angustia de la clase media por el estancamiento de sus sueldos, la inseguridad laboral y las deficiencias del sistema de salud. Ya que no podían elevar los ingresos fácilmente —Rajan es de los que piensan que una mejor educación es la única cura y eso toma tiempo—, políticos de ambos partidos les dieron a sus electores más dinero para gastar al fomentar un auge del crédito, especialmente para la vivienda. "Cuando el dinero fácil promocionado por un gobierno de grandes recursos entra en contacto con la búsqueda de ganancias de un sector financiero sofisticado y amoral, se crea una profunda falla", escribe Rajan. Los precios de las casas se dispararon, los bancos obtuvieron préstamos baratos y levantaron montañas altamente apalancadas de valores ligados a hipotecas cada vez más riesgosas.

La segunda falla se encuentra en la exportación sin tregua de países como Alemania y Japón. Forjaron dinámicos sectores exportadores que compiten con los mejores del mundo, pero protegieron o ahogaron industrias nacionales como la bancaria y la minorista. China y otros países llegaron a un lugar similar por una ruta diferente. Las crisis financieras de los 90 les mostraron los peligros de depender del dinero que fluye de los países acaudalados a través de los bancos locales para financiar fábricas, torres de oficinas y otras inversiones. Por lo que cambiaron de estrategia y se volcaron a la exportación para impulsar el crecimiento. El resultado fue que grandes sumas de dinero internacionales satisficieron la gran demanda en EE.UU., donde se otorgaron muchos préstamos insensatos.

Una tercera falla expandió la crisis. El método de EE.UU. para combatir la recesión y su red de seguridad social son aptas para las recuperaciones rápidas del pasado, no las lentas y sin empleo de ahora. Eso presiona a Washington para que haga algo: recortar los impuestos, aumentar el gasto y ofrecer tasas de interés muy bajas. Esto lleva a los gigantes financieros a asumir que el gobierno mantendrá el flujo de dinero e intervendrá si ocurre una catástrofe.

Fuente: WSJ