5 may. 2010

El rescate de Grecia cambiará para siempre a la euro zona

Por Irwin Stelzer

El curso futuro de los acontecimientos en la eurozona está ahora más o menos claro. Los colegas europeos de Grecia y el Fondo Monetario Internacional acudirán en ayuda del país con algo más de 110.000 millones de euros (US$132.000 millones), pero parece cada vez más probable que habrá alguna reestructuración, y que los acreedores posiblemente condonarán un 30%. El Gobierno alemán está tan asustado de que se produzca un colapso de toda la eurozona --y de la posibilidad de grandes pérdidas para sus bancos que han prestado dinero generosamente a Grecia-- que está dispuesto a ignorar a sus votantes, de los cuales el 57% se opone al rescate frente al 33% (el 10% no sabe/no contesta). En el futuro, dice Angela Merkel, aquellos que no tienen escrúpulos deberían ser sancionados. Las palabras "peligro moral" aparentemente no se mencionaron.

Es difícil decir lo efectivo que será el paquete de rescate de Grecia a la hora de contener el contagio a otros países de la eurozona. Hay demasiados condicionantes. El ratio de deuda/PIB de España es sólo la mitad que el de Grecia, y podría evitar nuevas rebajas de calificación de su deuda si el Gobierno sale de su letargo. Pero mientras el presidente José Luis Rodríguez Zapatero insiste en que lo peor ha pasado, es más probable la inactividad que la acción. Italia acudió a los mercados de bonos en busca de 6.500 millones de euros la semana pasada y se encontró con unos inversionistas relativamente dispuestos a comprar sus bonos a tasas inferiores a las de su deuda. Si es capaz de respetar los recortes de gastos diseñados por el ministro de Finanzas Giulio Tremonti y reducir su déficit del 5,2% del PIB (el de Grecia es del 13,6%), Italia podría sortear una rebaja.

Portugal ha endurecido y ha acelerado sus medidas de austeridad, y podría evitar una nueva rebaja si las lleva a cabo. El programa de estabilización económica de Irlanda y la recapitalización de sus bancos se cree que están funcionando, y si los irlandeses siguen en sus sofás y en sus pubs en vez de salir a la calle, los números rojos podrían disminuir antes de que el nivel de deuda del país sea incontrolable. Y si los votantes británicos dan el poder a un gobierno partidario de reducir el déficit el jueves, el país podría no perder su calificación de triple A.

Incluso si se dieran todas estas condiciones, el mundo no volvería a parecerse a cómo era antes de la crisis. Los días de determinación en materia de política fiscal nacional ya pasaron a mejor vida en Europa. El presidente de la Unión Europea, Herman Van Rompuy, ha pedido la creación de un "gobierno económico" dirigido desde Bruselas, mientras que el presidente de la Comisión Europea, Jose Durao Barroso, reivindica que el Tratado de Lisboa le da competencia para la "gestión económica". La soberanía nacional encaja otro golpe, cortesía de la crisis griega y la siempre dispuesta eurocracia.

También cambió la medida por la que se juzgará a la deuda soberana. Las agencias de calificación están siendo presionadas para ser menos generosas con la deuda, y no sólo con la emitida por los países de la eurozona. En Estados Unidos, estas agencias otorgaron su preciada calificación triple A a los títulos a los que Goldman Sachs se acusa de vender de forma ilegal o poco ética. En Europa, se acusa a las agencias de tardar mucho tiempo a la hora de reconsiderar sus calificaciones de bonos de los países de la periferia de la eurozona, y de ignorar el efecto en economías más sólidas por su vinculación a las más maltrechas.

Las agencias de calificación ahora saben que el rescate de Grecia significa que los países del área del euro son en efecto los protectores de sus hermanos, lo que en la práctica significa que la deuda de cada país está en las cuentas del resto de países. Alemania y Francia ya no pueden argumentar que el hecho relevante es que sus propias finanzas son sólidas, ahora que están asumiendo la responsabilidad de las deudas de Grecia y otros países, y tendrán que rescatar sus propios bancos si los créditos realizados a Grecia, Portugal y España y quizá otros no se devuelven en su totalidad. Los votantes británicos, con su país maltrecho por el excesivo gasto del Gobierno, podría suavizar su áspera consideración de Gordon Brown al recordar que como ministro de Economía evitó que Tony Blair y Peter Mandelson abocaran el destino de la libra esterlina al del marco alemán adoptando el euro.

Las agencias de calificación además tendrán que tener en cuenta la condición de las instituciones del sector privado o agencias gubernamentales que podrían mirar al gobierno si surgen problemas. Un banco en dificultades que pueda acudir al gobierno debería tener reflejados sus problemas en las cuentas de ese gobierno.

Con este nuevo enfoque de la valoración de la solvencia, los inversionistas tienen un mayor conocimiento de los riesgos reales, y con mayor conocimiento vendrá la demanda de unos tasas de interés más altas. Fuente: WSJ

Irwin Stelzer es asesor y director de estudios políticos y económicos del Hudson Institute.

Fuente: WSJ