20 sept. 2011

La Reserva Federal quiere resucitar el twist

Por David Wessel

El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, ha demostrado tener una actitud muy clara hacia su trabajo: si la Fed pronostica que el desempleo será muy superior al normal y la inflación se encamina a un nivel inferior a la meta, entonces el banco central debe hacer algo al respecto, aunque ninguna herramienta en su arsenal parezca muy potente.

En opinión de Bernanke, cualquier cosa ayuda. Esa es la razón por la cual está desempolvando una maniobra de hace medio siglo. El banco central podría reconfigurar su portafolio de bonos del Tesoro de US$1,7 billones (millones de millones) para tener menos deuda de corto plazo y más de largo plazo, usando su poderío financiero para hacer bajar aun más las tasas de interés de largo plazo.

Estas especulaciones han dado que hablar en los mercados de bonos y en la banca. El rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años, que recientemente cayó por debajo de 2%, sugiere que los mercados prevén la intervención de la Fed.

Para la mayoría, empero, cuesta comprender cómo un reordenamiento de la cartera de la Fed pueda estimular la economía estadounidense.

Hace un año, la Fed decidió imprimir US$600.000 millones para comprar bonos, como parte de la segunda ronda de su programa de "relajamiento cuantitativo". Eso fue fácil de entender: mientras más dinero inyecta la Fed en la economía, más combustible hay para el crecimiento.

Pero el propio banco central lo ve desde otra óptica. Después de todo, la entidad puso dinero en el bolsillo de los bancos, y los bancos prefirieron depositarlo en la Fed en lugar de prestarlo.

En cambio, la Fed cree que la segunda ronda de la relajación cuantitativa funcionó principalmente al retirar del mercado mucha deuda del Tesoro de entre dos y siete años, dirigiendo a los inversionistas hacia otros activos: bonos del Tesoro de mayor plazo (haciendo caer sus rendimientos y abaratando las tasas hipotecarias y de préstamos para empresas), acciones y otros valores. También redujo el valor del dólar contra otras monedas, pero eso es harina de otro costal.

La Fed estima que la segunda ronda de relajamiento cuantitativo redujo aproximadamente dos décimos de un punto porcentual de las tasas de largo plazo, las que cuentan para las hipotecas y los préstamos corporativos.

Hoy, el organismo tiene más de US$500.000 millones en bonos del Tesoro que vencen en menos de tres años, y menos de US$200.000 millones en bonos del Tesoro que vencen en menos de 10 años. Si vendiera, por ejemplo, US$300.000 millones de deuda de corto plazo para comprar deuda de más largo plazo, podría hacer caer las tasas de largo plazo aproximadamente dos décimos de un punto porcentual. Ese, al menos, es su razonamiento.

Esto evoca un intento en 1961 del gobierno del presidente John Kennedy por mantener las tasas a corto plazo estables o al alza (para ayudar al dólar) y, al mismo tiempo, recortar las tasas a largo plazo (para ayudar a la economía). El intento fue conocido como "Operación Twist", en alusión al popular baile.

En 2004, Bernanke (entonces uno de los gobernadores de la Fed) y dos funcionarios de la Fed, Vincent Reinhart (ahora en Morgan Stanley) y Brian Sack (ahora a cargo de la división de mercado del Banco de la Reserva Federal de Nueva York) escribieron, "La Operación Twist es generalmente considerada un fracaso". Señalaron que Franco Modigliani, ganador del premio Nobel, calificó el impacto de "moderado en el mejor de los casos", y calculó que redujo las tasas de interés a largo plazo en 0,1 o 0,2 puntos porcentuales. Los tiempos han cambiado. Una reciente reevaluación por parte de un economista de la Fed de San Francisco es mencionada como prueba de que Twist fue un éxito, aun cuando éste también concluyó que las tasas se redujeron en apenas 0,15 puntos porcentuales.

En todo caso, cualquier intento de la Fed por quitar los bonos a largo plazo de manos de los inversionistas (haciendo caer la tasa de interés) se diluiría si el Tesoro vendiera más bonos. "La Fed tendría que coordinar con el Tesoro", escribió Bernanke en 2004, "para asegurarse de que las políticas de emisión de deuda del Tesoro no contrarresten las acciones de la Fed".

Últimamente, el Departamento del Tesoro ha estado vendiendo más bonos a largo plazo, al estimar que los contribuyentes se benefician de las bajísimas tasas de interés y para reducir los riesgos de que el gobierno tenga problemas en refinanciar su deuda de corto plazo más adelante. El vencimiento promedio de la deuda del Tesoro se ha prolongado a 62 meses y el gobierno quiere extenderlo incluso más.

La Fed y el Tesoro están dialogando, pero cada uno dice que tiene una tarea distinta por delante. "A la Fed le preocupa que no nos convirtamos en Japón mientras que el Tesoro quiere asegurarse de que no nos convirtamos en Grecia", indica un informe de la firma de investigación Wrightson ICAP. Un posible desenlace es que el Tesoro deje de extender el vencimiento de la deuda, pero, a diferencia de los años 60, no vinculará explícitamente la decisión a nada que esté haciendo la Fed.

Fuente: WSJ