11 oct. 2011

Los grandes bancos no encuentran paz en el colchón de capital

Por David Wessel

Este mes se cumplen tres años desde que los contribuyentes estadounidenses rescataron a los grandes bancos. Eso llevó a las reiteradas promesas de los políticos de cambiar las normas para evitar futuros rescates de bancos que son "demasiado grandes para quebrar".

Eso no ha sucedido.

Los bancos grandes son aún más grandes. Y en medio de una renovada crisis bancaria —esta vez en Europa— casi todo el mundo insiste en que es imprescindible evitar "otro Lehman (Brothers)", el colapso de una institución importante que podría desencadenar un enorme maremoto financiero.

Sería erróneo, sin embargo, decir que nada ha cambiado.

Aunque el último giro de la lamentable saga económica europea domina los titulares, los reguladores financieros globales buscan finalizar una de las respuestas más significativas a la crisis financiera: exigir que los bancos mantengan más capital y, en particular, obligar a aquellos considerados "sistémicamente importantes" (es decir, aquellos demasiado grandes como para quebrar"), a que mantengan una porción de capital adicional aparte de ese colchón.

Los detalles son complejos, pero los principios no lo son. Todos los bancos están obligados a mantener capital como un amortiguador para absorber las pérdidas. A mayor capital, mayores serán las pérdidas que podrán asumir sin hundirse. Los bancos, evidentemente, no tenían el capital suficiente antes de la crisis, y afirman que han aprendido esa lección. Además, los bancos estarán obligados a mantener más capital que antes, una vez que los gobiernos nacionales implementen las directrices establecidas por el organismo de control internacional de la industria, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, en Suiza.

Las alrededor de dos docenas de grandes bancos entretejidos en la trama de la economía mundial son un caso especial: si colapsan, no sólo sus accionistas y acreedores resultan lastimados, sino todos. Debido a eso, todo el mundo espera que los gobiernos los rescaten. Eso puede ser costoso y da a esas instituciones una ventaja a la hora de recaudar dinero, tomar riesgos y atraer a los clientes por encima de los bancos que son "demasiado pequeños para salvar".

Los grandes bancos pueden ser vitales para la economía global, aunque qué tan grande es lo suficientemente grande es una pregunta todavía sin responder. Los grandes camiones también son buenos para la economía. Pueden transportar muchas cosas y hacer tareas que los autos no pueden. Pero no sería bueno estar en la carretera cuando un camión se estrella y explota. Por lo tanto, se requieren normas de seguridad más estrictas para camiones que para autos, y más entrenamiento para sus conductores y así sucesivamente.

"La respuesta correcta es poner un costo extra, supervisión adicional sobre estas firmas (financieras) que les dará un incentivo para eliminar el tamaño innecesario, para eliminar las actividades innecesarias y reducir su toma de riesgos", dijo esta semana al Congreso de Estados Unidos el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke.

Un enfoque para tratar con este pequeño grupo de grandes bancos sería hacer que mantengan aún más capital, como porcentaje de sus activos, que otros bancos. Este sobrecargo SIFI (siglas en inglés de "instituciones financieras sistémicamente importantes") fue impuesta en EE.UU. por la ley Dodd-Frank y se espera que algo análogo a nivel mundial (denominado "g-SIFI") sea aprobado por los líderes del Grupo de los 20 países industrializados y emergentes cuando se reúnan en noviembre en Cannes, Francia.

Los líderes de los grandes bancos no están contentos. Y no sorprende. Es probable que la norma reduzca sus ganancias y limite sus dividendos.

El asunto se reduce a tres preguntas. ¿Es toda esta idea sabia y necesaria? Y si lo es, ¿están bien diseñados los detalles? ¿Y es este el momento adecuado?

Los grandes bancos de EE.UU., en una petición en agosto a los supervisores, desafiaron "la visión simplista de que el mero tamaño crea preocupaciones prudenciales... o que los grandes bancos son inherentemente problemáticos". Han perdido esa discusión.

Las firmas argumentaron, con razón, "que los excesivos requisitos de capital pueden inhibir la capacidad de los bancos para sostener la actividad económica". Los reguladores se burlan de la afirmación de que los niveles de capital propuestos son "excesivos", aunque reconocen que las reglas pueden hacer que los bancos sean más cautelosos en relación con los préstamos e inversiones de riesgo. Pero bueno, ese es el punto, después de todo.

Los bancos tal vez estén en terreno más firme cuando critican la compleja fórmula para determinar cuáles son "de importancia sistémica" y la cantidad de capital adicional que debería mantener cada uno. Pero no hay ciencia cierta en esto. La fórmula refleja compromisos inevitables en cualquier acuerdo global y, sin duda, será ajustada en los próximos años. En ese caso, lo perfecto no debería ser enemigo de lo bueno.

El tiempo es un tema difícil. Las reglas no tendrán efecto hasta 2019, momento en el cual se espera que la economía global esté en mejor forma. No obstante, es fuerte la presión sobre los bancos para que acumulen pronto el capital. Ello perjudicará a una economía débil si lleva a los bancos a prestar menos para reducir el monto de capital que deben mantener. Por otro lado, la historia sugiere que los gobiernos se vuelven severos con los bancos sólo después de una crisis, y a medida que la crisis se pierde en la memoria, también desaparece la voluntad de ser exigente.

Una cosa más. Hay una alternativa a la exigencia de que los mayores bancos mantengan capital extra, aunque a los banqueros les agradaría todavía menos: dividirlos.

Fuente: WSJ